1. El desahogo de una esposa frustrada


    Fecha: 05/07/2023, Categorías: Confesiones Autor: Arandi, Fuente: CuentoRelatos

    ... De ese yugo que impone la presión social, esa misma que te impuso casarte con un hombre a quien no amas sólo por el hecho de haber quedado embarazada.
    
    Dime que has ganado con serle fiel al imbécil de tu marido. Tú misma me has contado cómo no ha sabido valorarte. Piensa en lo que te has perdido sólo por serle fiel a un hombre que no te aprecia. Joel debería estar agradecido por tenerte a su lado —me dijo y me vio con tal ternura que yo sonreí—.
    
    En cuanto a lo ocurrido con tu hijo piensa que de cualquier manera aquello habría sucedido, son cosas que suelen pasar, no siempre puedes estar al pendiente de cada paso que dé en la vida, ni es posible que permanezcas a su lado todo el tiempo. Tú no has sido la culpable”.
    
    Así me consoló Adela, quien demostraba ser mi amiga realmente.
    
    Adela me abrazó y me besó con cariño, y yo le correspondí abrazándola como en aquellos años que nos confiábamos todo. Me sentí respaldada, apreciada. Después noté que ella fijaba su atención en alguien detrás de mí. Cuando volteé me di cuenta de que se trataba de Santiago, su marido, quien traía su verga tan erecta que parecía un gancho apuntando al techo.
    
    Santiago colocó su pene a unos centímetros de mi cara y me quedé apreciándolo por unos segundos. A decir ...
    ... verdad era la primera vez que lo veía, pues aunque antes lo había resguardado en mi intimidad no había tenido el gusto de conocerlo primero.
    
    Estaba a punto de metérmelo en la boca cuando el pudor me detuvo al ser consciente de que mi amiga, su esposa, estaba a lado mío.
    
    “No, no puedo”, le dije a Santiago mirándolo hacia arriba.
    
    “No te preocupes por mí, yo estaré muy ocupada con Guillaume como para ponerme celosa”, me dijo sonriente Adela.
    
    Se levantó, dispuesta a regresar a la recámara con Guillaume.
    
    “Ahora prepárate, que mi marido te va a dar verga”, dijo y abandonó el salón meneando sus nalgas sensualmente, con la seguridad que le caracterizaba.
    
    En ese momento me di cuenta que ya no sentía celos al saber que ella fornicaría con quien consideraba el amor de mi vida, el hombre a quien yo tanto amaba. Y es que los amaba a ambos después de todo.
    
    Santiago, tomándome de ambos brazos, me levantó, me giró y me indicó que me hincara sobre el sillón en tal posición que, bien empinada, quedaba con el culo en alto, como si se lo estuviera ofrendando. De pronto sentí la punta del miembro de Santiago. Me sorprendí, hacía mucho que no lo hacía por ahí. El marido de Adela estaba por penetrarme analmente y mi hueco cloacal lo esperaba temeroso. 
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