1. El desahogo de una esposa frustrada


    Fecha: 05/07/2023, Categorías: Confesiones Autor: Arandi, Fuente: CuentoRelatos

    ... fue desnudando lentamente, deteniéndose para admirar cada uno de mis tesoros, según él les llamaba a mis atributos enmarcados por la lencería roja. A mi esposo no le había provocado nada y a este hombre le embelesaba. Sus dedos se movieron entre mis muslos en busca de mi ansiosa vagina que ya la sentía húmeda. Sólo mi ropa interior separaba sus manos de mi deseosa vulva.
    
    Guillaume se desvistió y yo lo admiré ansiando lo que vendría. Su cuerpo estaba bien tonificado demostrando que se mantenía activo físicamente.
    
    “¡Jesús, qué verga!”, exclamé sin poder contenerme cuando aquél se bajó el calzón.
    
    Casi me había olvidado de lo grande que era. La roja e hinchada cabeza me apuntaba como si me estuviera mirando por su pequeño orificio.
    
    Él rió del espontáneo comentario y yo también al tomar consciencia de haberme referido a su sexo con tal palabra que hacía años no utilizaba. Con mi esposo no se me hacía natural llamarle así a su pene, no sé por qué, como que me sentía incómoda. Pero ahora ante Guillaume me sentí otra, una mujer liberada.
    
    Guillaume me bajó la prenda que cubría mi sexo y miró amorosamente mi raja femenina que ya emanaba una suave crema. Con ternura pasó un dedo a lo largo de la entrada y eso bastó para sentirme en las mismas puertas del paraíso.
    
    Apeteciéndolo me abrí de piernas ahí sobre la cama y lo invité a penetrarme.
    
    “¡Métemela! ¡Por Dios, cógeme con todas tus fuerzas!”, expelí suplicante y enardecida a la vez. Lo necesitaba. Él era hombre y ...
    ... yo mujer, eso era lo único que en ese momento importaba.
    
    Su cuerpo cubrió el mío y sentí cómo su enorme y dura verga entraba hasta el fondo de mi sexo, mientras sus manos jugaban con mis pechos. Guillaume empezó a bombearme lujuriosamente, tal como lo recordaba, con aquel ímpetu que yo tanto ansiaba. En tan sólo unos instantes me invadieron los espasmos del primer orgasmo. Mis uñas se enterraron en su varonil espalda y él no emitió queja alguna.
    
    Aun temblaba por la salvaje venida cuando aquel masculino ser me levantó de la cama y, cargándome, me recargó contra la pared y allí continuó dándome verga. Tras minutos que parecieron horas, el hombre que tanto había deseado, sin muestras de cansancio, me miró a los ojos y me preguntó: “¿Me puedo venir dentro?”.
    
    Fue hasta ese momento que me di cuenta que pese a prevenirme llevando condones no los había utilizado. La caja de preservativos yacía en mi bolso, los había olvidado por completo. Dejándome arrastrar por la pasión ni siquiera le había pedido que usara protección. No es que temiera que me fuera embarazar, ya hubiera querido que él hubiese sido el padre de mis hijos, pero debí haber actuado con precaución, más que nada para prevenir alguna enfermedad; si de casualidad me llegara a contagiar de algo ¿cómo se lo explicaría a mi esposo? De cualquier forma para ese momento no me importó y acepté su simiente asintiendo y besándolo apasionadamente.
    
    Inmediatamente sentí su chorro inundándome por dentro con un calor que casi ...
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