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El inesperado reencuentro con mi tía
Fecha: 24/08/2023, Categorías: Incesto Autor: Gabriel B, Fuente: CuentoRelatos
... disfruté de sus piernas perfectamente torneadas y su culito parado. Ahora sí, me estaba volviendo loco. Pero mi locura no era debido a su belleza, ni a su parecido con la famosa modelo. Aquí es oportuno recordar el motivo que me impulsó a escribir este relato, el cual enuncié al principio del mismo. Me senté y me di cuenta de que estaba temblando. Y entonces rememoré algo que había sucedido hacía cinco años: Era una cena familiar en el barrio de Palermo. Yo tenía trece años y me resultaba muy aburrido reunirme con un montón de vejestorios. Había mucha gente. La música y el alcohol fueron las estrellas de la noche. O por lo menos lo fueron hasta que llegó ella. Mariela. Una prima hermana de mamá. Una morochita que contagió de jovialidad a aquel grupo de veteranos. Yo la admiré a la distancia. Era perfecta. Bailaba como ángel con cualquiera que se animaba a invitarla — yo, por supuesto, no lo hice — y no faltaron las bromas por su parecido con la famosa modelo. Me di cuenta, a pesar de mi corta edad, y de mi personalidad despistada, de que yo no era el único que obviaba el vínculo parental, y me permitía mirarla simplemente como la mujer hermosa que era. Más de un tío le acarició las caderas mientras bailaban, mucho más de lo necesario. Y cuando llegó la hora de despedirse, muchos le dieron abrazos, y besos exageradamente efusivos. Ella no había reparado casi en mi presencia, y nuestro contacto fue un beso dulce que me dio en la mejilla, y que me hizo ruborizar debido ...
... a las fantasías que despertó en mí. La recordé por siempre. Pasaron los años. Yo crecía, y maduraba lentamente, y no dejaba de dedicarle pajas a aquella tía joven y preciosa. Varias veces, traté de indagar sutilmente sobre el paradero de Mariela. No entendía por qué, a pesar de ser prima hermana de mamá, no teníamos una relación fluida con esa parte de la familia. Pero nunca pude enterarme de la verdad. Sólo me quedé con mis fantasías, y ni siquiera cuando, varios años después, se popularizaron las redes sociales, pude dar con ella. La recepcionista del prostíbulo me sacó de mi ensimismamiento. — Con quién querés pasar. — me dijo. — Con pampita. Una hora. — dije sin dudarlo. Dejando de lado a las otras mujeres, que hasta hace unos minutos me habían embrujado. Para ser justos, debo aclarar que, si bien pampita era hermosa, las otras chicas estaban a su altura. Pero las fantasías de la pubertad me inclinaron a elegirla inmediatamente. Y, por qué no decirlo, el morbo de estar con mi propia tía, elevaban mi excitación a niveles que nunca imaginé. Porque no tenía dudas de que esa chica era mi tía. Jamás olvidaría su cara y su figura. La recepcionista me acompañó al cuarto. — Ponete cómodo, enseguida viene Pampita. Me senté en la cama. Mi cabeza era un hervidero de preguntas y fantasías. Me pregunté si acaso me reconocería, pero descarté enseguida esa duda. Ella apenas me había notado aquella vez, y además, yo había cambiado mucho, ya no era un niño desgarbado. ...