1. Oscura historia de una escalera


    Fecha: 03/10/2023, Categorías: Gays Autor: superrapado, Fuente: CuentoRelatos

    ... reírse de manera infame y estúpida. Y cuando el juego se diluyó, se quedaron solos.
    
    Ambos se habían dado cuenta de que se esperaban. No regresaron a sus casas sino que se refugiaron en el edificio en ruinas. Saltaron la tapia protegidos por la oscuridad. Se metieron por unas peligrosas escaleras con tramos ya en el vacío y alcanzaron la azotea.
    
    En el cielo, una luna rojiza luchaba por recuperar su blanquecino esplendor.
    
    Aurelio sacó tabaco y ofreció.
    
    -No sé cómo te gusta eso -dijo el vecino rechazando el ofrecimiento.
    
    -Otro vicio más -respondió el más joven- ¿Qué tal con esa chica con la que vas?
    
    -No sé. Es una estrecha. No se deja meter mano.
    
    -¿Y qué hacéis entonces?
    
    -Nada. Un día nos besamos y tal y yo intenté tocarle el coño. Pero me cortó.
    
    -Es una calienta pollas.
    
    -El caso es que cada vez que pienso en aquello...
    
    -¿Qué pasa?
    
    El vecino se echó mano a la entrepierna exhibiendo el contorno de su miembro erecto bajo el pantalón.
    
    -Esto pasa.
    
    Aurelio se lo acarició.
    
    -¿Te la ha visto?
    
    -No.
    
    -Pues enséñasela. Seguro que ya no se resiste.
    
    Aurelio no dejaba de sobar la potente erección del vecino.
    
    -Y si no, que me pregunte a mí. Aunque hay algo que no le puedo contar porque no lo sé.
    
    Despacio desabotonó la bragueta y extrajo la verga lista para el placer.
    
    -¿Qué no sabes?
    
    -Qué se siente con ella dentro.
    
    Los dos jóvenes se miraron.
    
    El vecino le bajó los pantalones y el calzón. El sexo duro de Aurelio le ...
    ... saludó.
    
    Después atrajo su cuerpo contra el suyo y le musitó al oído:
    
    -¿Quieres sentirlo... ahora?
    
    Le acarició las enjutas nalgas con la clara intención de meterse hacia su ojete.
    
    -Dí. Quieres que te la meta. Y hablo en serio.
    
    Con los dedos le alcanzó el ojete. Después le colocó la verga entre las piernas. El glande salía por el otro extremo y goteaba preseminal por los muslos del joven.
    
    -Me da respeto.
    
    -Tendré cuidao.
    
    Empezó a pasarle los dedos sobre el ojete repetidamente. Incluso los untó con su seminal para que no le causaran molestia.
    
    -Déjame. Quiero metértela.
    
    El vecino comenzó un suave movimiento de sus caderas, como si le follara la entrepierna. Y de pronto le dio media vuelta hasta tener las nalgas de Aurelio a la altura de la verga. Se la puso otra vez entre los muslos y siguió deslizándosela.
    
    -No me lo niegues.
    
    -Me da miedo.
    
    -Como cuando te encontré en el portal sin atreverte a subir las escaleras. ¿Y qué pasó? Que te enseñé todo esto -le dice masturbándole despacio- Déjame probar. Lo necesito.
    
    Aurelio le tomó la verga y él mismo se la puso con el glande contra su ojete.
    
    -Híncamela -es todo lo que dijo.
    
    El vecino, lentamente, fue empujando y rompiendo la barrera del esfínter.
    
    Dolía. Ya lo creo. Pero Aurelio no tenía intención de solicitar que se la sacara. Miró la luna rojiza en el horizonte que lentamente pasaba a tonos anaranjados camino de su familiar blancura. ¿Pasaría lo mismo con su dolor? ¿Se transformaría lenta y ...