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El enemigo de mi marido
Fecha: 18/10/2025, Categorías: Grandes Relatos, Autor: Gabriel B, Fuente: CuentoRelatos
... hecho, como te dije, vos me caés bien. Y no solo me caés bien, sino que creo que serías un gran elemento en mis empresas. Quisiera proponerte que seas mi asistente personal. Sonreí, con nerviosismo. Así que por ahí venía la cosa, me dije. Le arrebataría la empresa al tipo que tanto odiaba, e intentaría quitarle su mujer. Hacer que trabaje para él solo era el primer paso para tenerme cerca. Me indignó su patética demostración de poder. Pero no podía negar que resultaba eficiente. —Claro. Puedo ser tu secretaria. ¿Esa es tu fantasía? —dije, con ironía—. Tenerme entre estas paredes, yendo y viniendo con los papeles que tenés que firmar. Con una minifalda diferente todos los días. Me mirarías las piernas y el culo cada vez que saliera. —A mi última secretaria la hacía andar en tanga por esta oficina —dijo él, como si nada. Sonreí con desprecio. Me puse de pie. Fui directo al gran ventanal que había en el ala opuesta a su escritorio. La ciudad parecía diminuta. Ya había oscurecido. Observé con nostalgia las cientos de luces que veía en la avenida. Así que a eso había llegado, me dije. Me sentía patética, porque estaba consciente de que ese perverso hombre me tenía entre la espada y la pared. Pero la ira que aún sentía por Alan de alguna manera opacó esa sensación. —Debés sentirte muy poderoso acá —dije—. Viendo a todo el mundo como si fueran moscas. Seguro te sentís un gran hombre, disponiendo de la vida de los demás. Arruinando a centenas de familia de un plumazo. ...
... Sometiendo a las mujeres que deseás, arrinconándolas con tu poder y con tu dinero. Lorenzo se acercó, y se puso detrás de mí. —Dana, no seas tonta —dijo—. Cuando se trata de negocios hay que tener la cabeza fría. —Sí, lo sé —dije, sintiendo mis ojos ardiendo. Estaba a punto de largarme a llorar, pero me contuve. Entonces sentí su mano en mi pierna. No me sorprendió que me manoseara, aunque sí me sorprendió que no fuera directo a mi trasero. La mano era muy dura, y bastante áspera, por tratarse de un hombre de negocios. Más bien parecía la mano de un albañil. Los dedos subieron lentamente. Sentí mi vestido levantándose unos centímetros, para que luego empezara a masajear mi muslo. —No voy a ser tu secretaria —dije—. Me vas a coger. Te vas a quitar el gusto de vengarte de Alan, y de acostarte con su mujer, tal como él lo hizo con la tuya. Pero vas a seguir contratándonos como empresa de seguridad. De todas formas eso es lo que querías, ¿no? A esto se reduce todo. Aunque finjas ser un profesional centrado y calculador, todo esto es para cogerme. Para desquitarte del golpe al ego que te dio mi marido hace tiempo. Bueno, te felicito. Acá me tenés. El movimiento de su mano se detuvo. Por un instante sentí que se disponía a retirar sus dedos de ahí, pero en cambio los subió, en un movimiento mucho más brusco que el anterior, y empezó a acariciar mi vulva a través de la bombacha. —Acepto. Por esta vez voy a perdonarlos —dijo él. Me bajó la bombacha hasta los ...