1. El enemigo de mi marido


    Fecha: 18/10/2025, Categorías: Grandes Relatos, Autor: Gabriel B, Fuente: CuentoRelatos

    ... tubillos. Luego se irguió, me agarró de las caderas y apoyó su verga en mi trasero. Era tan grande como lo insinuaba su estatura. Y el hecho de que durante años el único pene que me había penetrado fuera el pequeño miembro de Alan hacía que se sintiera inconmensurable.
    
    Empujé con el trasero hacia atrás y empecé a frotarme con aquel poderoso falo. Me encontré haciendo movimientos obscenos con mi culo. Era como si estuviéramos perreando. Apoyé ambas manos en el vidrio y separé las piernas. Me sorprendió encontrarme tan excitada y entregada. El morbo que había detrás de esa relación de poder entre nuestras empresas, y que ahora culminaría con el presidente de los casinos cogiéndose a la esposa de la pequeña empresa de seguridad, me produjeron una lujuria incontrolable. Claro, la traición de Alan también había contribuido a que en ese momento no tuviera reparos en convertirme en una puta; como así también incidía en mi cambio de ánimo esa magnífica pija que ahora se restregaba en mis glúteos.
    
    Podía vernos de manera difusa en el vidrio. Lorenzo se frotaba los labios con la boca, y observaba el movimiento de caderas que yo aún hacía, con increíble deleite. Luego arrimó sus labios a mi oreja. Me la chupó, y me susurró:
    
    —Alan siempre tuvo un exquisito gusto con las mujeres —dijo—. Eso sí, siempre eligió a las más putas.
    
    Las palabras denigrantes no me hicieron cosquillas. Y es que ya había aceptado el papel que me tocaba, y sabía que no iba a cogerme de manera romántica ...
    ... y caballerosa.
    
    Escuché el cierre del pantalón bajándose. ¿Me iba a coger con ese carísimo traje puesto? Por lo visto sí, pensé, al notar que ni siquiera se quitaba el saco.
    
    Hizo un movimiento pélvico y de un momento a otro ya se encontraba adentro de mí. Su verga se abrió paso lentamente. Gemí, pues no podía hacer otra cosa mientras ese hermoso rabo se introducía lentamente en mi vagina. Se sentía bien. Increíblemente bien. Una oleada de culpa me atormentó durante unos instantes, mientras Lorenzo se meneaba detrás de mí; pero enseguida la aparté de mi cabeza. Alan me traicionó, me dije.
    
    Traté de no pensar en eso. La verdad es que en ese instante toda mi vida estaba dando un vuelco. La relación sana y feliz con mi marido parecía haberse desmoronado, y yo me estaba cogiendo ni más ni menos que a su enemigo. Así que aparté esas conflictivas ideas y me dejé llevar por el morbo y la excitación del momento. Solo iba a ser un momento. Quizás ni siquiera una hora. Algunos minutos en los que sería el juguete sexual de aquel taimado millonario.
    
    Torcí un poco el cuello para verlo cara a cara. Sus ojos marrones reflejaban no solo el placer, sino su arrolladora victoria. Para él todo esto había sido un juego. Un perverso juego en el que nos hacía depender económicamente de nuestra sociedad, para que él pudiera tirar de la soga cuando quisiera. Y ahora había decidido hacerlo. Había tirado de la soga y el resultado era que su verga se había introducido en mí, y que yo estuviera ...
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