1. El enemigo de mi marido


    Fecha: 18/10/2025, Categorías: Grandes Relatos, Autor: Gabriel B, Fuente: CuentoRelatos

    ... pensar lo que quieras de mí, pero no creo que me consideres como alguien que no cumple con su palabra.
    
    Aún sintiendo la rabia en todo mi ser, me incliné, y empecé a mamar, sintiendo cómo esa verga iba creciendo en mi boca.
    
    Cuando bajé por el ascensor me miré en el espejo, temiendo tener el rostro sucio con semen. Pero no lo tenía. Me lo había tragado todo. Saqué un caramelo de menta de mi cartera y me lo metí en la boca, para contrarrestar el sabor a semen que aún sentía en el paladar. En la planta baja me reencontré con el vigilador, que esta vez me miró a la cara con una evidente lascivia. Fruncí el ceño, pero nuevamente no pude decir nada. Sentía el llanto en mi garganta; apenas hablara, empezaría a lloriquear como una niña. Además, al fin y al cabo, el tipo no estaba errado en la impresión que había dejado en él. Seguramente se había hecho la fantasía de que era un puta de lujo y que durante todo ese tiempo estuve teniendo sexo con Lorenzo. Y ciertamente, no estaba nada alejado de la realidad.
    
    Volví al departamento. Agradecí que Alan respetara mi decisión y no hubiera vuelto, a pesar de que tenía todo el derecho de hacerlo, pues también era su casa. Pasaron un par de días, en los que no fui a la oficina, para no tener que cruzármelo. La excusa era que aún estaba enojada con él, pero también me sentía culpable. Ahora que tenía la cabeza un poco más fría, me di cuenta de que no estaba segura de que se hubiera acostado con otra mujer. Si bien esos mensajes eran en ...
    ... sí mismo una traición, no podía evitar sentir que lo que había hecho yo había sido mucho peor. Una parte de mí deseó que efectivamente se hubiera cogido a aquella veinteañera, así al menos estábamos a mano. Pero Alan me juraba y perjuraba, en los mensajes que me mandaba a diario, que ni siquiera conocía en persona a esa chica. Y yo le creía. Muy a mi pesar, le creía.
    
    El día del reencuentro fue inevitable. Le pregunté de nuevo si su traición había escalado hasta lo carnal. Necesitaba que me lo dijera en la cara.
    
    —Mi amor —me dijo. Estábamos en nuestra pequeña sala de estar. Al decir esto, me agarró de la mano. Instintivamente la aparté, pero al instante la dejé en mi rodilla, para que él la tomara, esta vez sin reticencias de mi parte. Lo extrañaba, y lo necesitaba—. Solamente era un histeriqueo por mensajes. No te niego que hice mal, y que si vos hicieras algo parecido me sentiría igual de traicionado. Pero nunca me acosté con esa chica, ni con ninguna otra. Y nunca lo haría.
    
    Le creía. Me hubiese gustado no hacerlo, pero le creía. Y entonces todo el mundo se me vino abajo. Hablamos un rato más sobre nuestros problemas de los últimos meses, incluyendo su violencia en la cama, y su bajo rendimiento sexual.
    
    —Todo es desde que conocimos a Lorenzo —dije.
    
    —Sí. No te niego que desde que nos contrató, me siento amenazado —dijo.
    
    —¿Tanto miedo tenés de que se vengue de vos de alguna forma? —pregunté, e inmediatamente pensé en que ya se había vengado, aunque el pobre ...