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El enemigo de mi marido
Fecha: 18/10/2025, Categorías: Grandes Relatos, Autor: Gabriel B, Fuente: CuentoRelatos
... Alan nunca lo sabría, o eso esperaba. —No, no es eso —dijo. Fruncí el ceño. Siempre había dado por sentado que su animadversión hacia Lorenzo venía por ese lado—. Es que… es un tipo poderoso, que a todas las mujeres les gusta. Y es obvio que está caliente con vos. —Pero ya hablamos de eso —dije, algo irritada—. Dejá que desee lo que quiera. Nunca me va a tener. No entiendo por qué tanta inseguridad de tu parte —agregué. No tenía idea de dónde había sacado el coraje como para armar semejante frase. Mamá siempre me había dicho, cada vez que yo negaba alguna travesura, que tenía la cara dura como una piedra, pero esto ya era demasiado. —Es que… no te dije la verdad en cuanto a mi alejamiento de Lorenzo —dijo Alan. Contuve el aliento, intuyendo lo que iba a decir a continuación—. Yo nunca me acosté con su mujer. —Él se cogió a la tuya —dije, completando la frase. Alan asintió con la cabeza. —Perdoname. Es que… supongo que en cierto punto estoy atado a los mandatos machistas. A los hombres no suele gustarles que se los considere un cornudo, y yo no soy la excepción. Comprendí todo. El cambio en la personalidad de Alan; la violencia que le despertaba depender tanto de Lorenzo, y que estuviera en todo momento como tema de conversación; su bajo rendimiento sexual; lo poco viril que parecía en los último meses. Todo cerraba. Había reaparecido en su vida el hombre con el que la mujer que amaba lo había engañado, que además era su amigo, y su destino económico ...
... dependía casi exclusivamente de ese hombre. También recordé, con rabia, algo que me había dicho Lorenzo: “Alan siempre tuvo un exquisito gusto con las mujeres. Eso sí, siempre eligió a las más putas”. Ahora esas palabras adquirían nuevas dimensiones. Ahora me percataba de hasta qué punto había denigrado a mi marido, sin que se lo mereciera. Me sentí horrorizada. ¿Qué podía pasar si se enteraba lo que había hecho en la oficina de Lorenzo? Alan era un ser muy sensible. Podía tomar la peor decisión. Traté de ocultar mi espanto. Llevé la conversación de nuevo hacia lo que él había hecho. Dejé que hablara, y permití que creyera que me había convencido de perdonarlo. Pasaron algunos meses. Volvimos a ser una pareja unida. Todavía no regresábamos a los mejores tiempos, pero estábamos mucho mejor que en esos oscuros meses. Ahora que Alan había blanqueado sus temores, parecía haberse sacado un enorme peso de encima, por lo que todos esos factores en los que había empeorado, ahora se normalizaban. Pero yo no estaba muy bien que digamos. En todo momento temía que se enterara de lo que pasó aquella noche con Lorenzo. Estaba consciente de que ya no solo tenía en sus manos a nuestra empresa, sino también a mí. Pero nuestra relación comercial siguió evolucionando. Hasta que un día recibí un llamado de aquel perverso hombre. —Dana, Dana. Ustedes de verdad me decepcionan —dijo. Habíamos hablado muchas veces por teléfono durante ese tiempo, aunque había logrado evitar verlo. En su ...