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El enemigo de mi marido
Fecha: 18/10/2025, Categorías: Grandes Relatos, Autor: Gabriel B, Fuente: CuentoRelatos
... excelencia… Siguió hablando, explicando cómo nos desenvolvíamos, detallando lo estricto que era con los supervisores, quienes de esa manera se aseguraban de que los vigiladores cumplieran con sus tareas. Destacó también el centro de monitoreo con el que contábamos, cosa que no era muy común en una empresa relativamente pequeña como la nuestra. Estaba exagerando nuestras virtudes, obviamente, pero no estaba mintiendo. Era arriesgado lo que estaba haciendo. Lo más seguro sería aceptar sus condiciones, y ofrecerle un precio muy rebajado. Aunque eso, si bien nos serviría en el corto plazo, podría destruirnos en el largo plazo. Entre nuestras empresas se establecería una relación carnal, sí. Pero en esa metáfora, la empresa de casinos de Lorenzo sería un enorme moreno con una verga de veinte centímetro, y nuestra empresa sería una colegiala virgen a la que ese moreno se cogería sin piedad. Pensar en esa metáfora sexual me puso extrañamente cachonda. Los escuché hablar un rato, e intervine cuando lo creí necesario, para demostrar que no era un mero adorno. Había temido que Lorenzo me lanzara miradas subrepticias. Era difícil que los hombres no lo hicieran cuando me tenían cerca. Pero parecía todo un profesional. Un ejecutivo que pensaba todo de manera racional. —Bueno. Entonces, en principio necesitaríamos veinte vigiladores —dijo Lorenzo—. ¿Creen que pueden conseguirlos para el primero del mes siguiente? ¿Cuándo había llegado la conversación a ese punto? Lorenzo ...
... había aceptado la tarifa que le cobrábamos a todos nuestros clientes, y eso que por la cantidad de puestos que necesitaba cubrir podía negociar tranquilamente una quita del diez o del quince por ciento. ¿Por qué no lo había hecho? ¿La empresa anterior era más cara? Podría ser. —Claro. Aunque estemos con poco tiempo, seguro que los conseguimos —dijo Alan. Faltaban apenas cinco días para el cambio de mes. Conseguir veinte empleados en ese lapso de tiempo, sin arriesgarse a equivocarnos con las elecciones que hiciéramos, era casi imposible. Y bien sabíamos que contratar a la persona equivocada podría costarnos un contrato como ese. No obstante, a nosotros nos sobraban treinta empleados, por lo que no tendríamos ese problemas. Alan fue muy astuto al no mencionar esto, así parecería un mérito nuestro conseguir ese personal en tan poco tiempo. —Bueno. No hay nada más que decir entonces —dijo Lorenzo. Miró su reloj—. Ya me tengo que ir. Pero primero hagamos un brindis. Así lo hicimos. Y, como broche, la cuenta la pagó él. De todas maneras yo apenas comí unos rolles de salmón. Me había preparado concienzudamente para darle el regalo prometido a Alan, y no iba a correr el riesgo de que alguna comida me cayera mal. Estábamos contentos. Yo, en particular, me encontraba eufórica. Pero mientras volvíamos a casa, Alan no tardó en ponerse serio. —Aunque nos pague lo que le pedimos… —dijo—. Vamos a hacer prácticamente sus empleados. A partir de ahora su cadena de casinos va a ...