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El enemigo de mi marido
Fecha: 18/10/2025, Categorías: Grandes Relatos, Autor: Gabriel B, Fuente: CuentoRelatos
... ser nuestra principal fuente de ingresos. —Puede ser. Pero aunque sea la principal, no es la mayoría. Por ahora representará el veinte por ciento de los ingresos —dije—. Si todo sale bien, dentro de poco puede duplicar la cantidad de vigiladores. Ya lo escuchaste. Hay algunos puestos que aún quedan por cubrir. Y la otra empresa de seguridad con la que trabajan se reúsan a cubrirlos. Cuando llegue el momento analizaremos si nos conviene o no. —Quizás lo hacen porque son más inteligentes que nosotros —dijo Alan, pesimista. —Quizás no están en la cuerda floja como nosotros —retruqué yo, un poco hastiada de su negatividad. Pero insistí con mi optimismo—. No te preocupes. Esto es una buena señal. Tuvimos una mala racha, ahora viene la buena, y va a venir todo junto. Vamos a conseguir más clientes, y quizás hasta podamos sacarnos de encima al pedante ese en un año o dos. Vamos a ser lo suficientemente grandes como para no necesitarlo. Vamos a concentrarnos en clientes chicos, como siempre. Muchos clientes chicos es mejor que uno grande. Eso lo sabemos. Pero mientras tanto tenemos que aceptar lo que nos toca. —Tenés razón, como en el dos mil catorce —dijo Alan, levemente esperanzado. El dos mil catorce fue nuestro mejor año. Pasamos de tener treinta empleados a más de cien. Al otro año llegamos a los ciento cincuenta. Ya nos veíamos como una empresa enorme en un par de años más. Pero de a poco la cosa se fue desinflando. Por suerte aquello fue paulatino, y volvimos a ...
... tener cien empleados sin muchos sobresaltos, ya que la plantilla se fue reduciendo de a poco a lo largo de dos años. En el dos mil dieciocho la cosa fue estable. Y después vino el terrible dos mil diecinueve, con el maldito laboratorio clavándonos un cuchillo por la espalda. —Quedate tranquilo. Nosotros nos vamos a terminar cogiendo a su maldita empresa de casinos, ya ves a ver —dije. Alan me miró sorprendido por la alusión sexual. Era sabido que en las relaciones empresariales había mucho de lo sexual, pero probablemente nunca me había oído decir ese tipo de comentarios. —Sí. Es verdad. Nosotros nos vamos a coger a ese hijo de puta. Y no al revés —dijo él. ¿Había odio en sus palabras? Parecía que sí. En la cena logró comportarse con naturalidad. Quien lo viera no supondría, ni de lejos, que detestaba al otro tipo. ¿Eso significaba que Lorenzo también odiaba a Alan? Bien podría estar fingiendo igual que mi marido. Se me hizo un nudo en el estómago. Por más que me hiciera la valiente, lo cierto era que sí estábamos en sus manos. Ahora representaba un veinte por ciento de los ingresos. Pero ese veinte por ciento resultaba ser un número inmenso si se consideraba que era la diferencia justa entre estar en quiebra y seguir de pie. De hecho, seguiríamos teniendo diez empelados de más, quien sabía hasta cuándo, por lo que los gastos serían cubiertos con lo justo. Un mínimo empujón y todo se desmoronaría. Era patético. A pesar de ser empresarios apenas éramos de clase ...