1. El enemigo de mi marido


    Fecha: 18/10/2025, Categorías: Grandes Relatos, Autor: Gabriel B, Fuente: CuentoRelatos

    ... media. Hacía años que no veíamos ganancias. Vivíamos de nuestro sueldo como si fuéramos unos empleados más. Eran buenos sueldos, pero no puedo negar que cuando me enredé con quien fuera mi jefe había fantaseado con cambiar el auto todos los años y con viajar a Europa, al menos de vez en cuando.
    
    Pero aparté esos pensamientos de mi cabeza. Lo mirase por donde lo mirase, a partir de esa noche estaríamos mejor.
    
    Cuando llegamos a casa, le dije que me esperara en la sala de estar. Bajé con un sensual babydoll negro. Alan me agarró de la mano, furioso, y me llevó hasta donde estaba un espejo enorme que nos mostraba en cuerpo completo. Me metió la mano dentro del babydoll y me arrancó la tanga de un brusco movimiento, haciéndola hilachas.
    
    —Me vas a tener que comprar una nueva —dije, sonriendo, aunque su repentina agresividad me asustó un poco.
    
    Alan nunca había sido así. Siempre fue dulce y cariñoso. Los máximos arranques de violencia que tenía consistían en penetrarme con salvajismo, cosa que no era la gran cosa considerando el tamaño de su miembro. Me pregunté qué le pasaba, pero enseguida entendí que se sentía así por la reunión que habíamos tenido.
    
    De todas formas, no me desagradaba este cambio de personalidad. Me había enamorado de su sensibilidad, de su fuerte conexión con su lado femenino, pero a veces me hastiaba tanta dulzura. A veces no quería un príncipe azul, sino un lobo feroz, y en muy pocas ocasiones había encontrado eso en mi marido.
    
    Alan escupió su ...
    ... mano y me penetró con los dedos. Me miré en el espejo: el pelo color vino aún recogido, pero ya no tan prolijamente debido a los movimientos de mi cuerpo, producto de cómo mi marido me hundía sus dedos en el culo. Me veía hermosa. A mis treinta años me sentía más mujer que a los veinte. Miré a Alan, que jadeaba mientras me dilataba el ano con salvajismo. Tenía los dientes apretados. Era como si me estuviera cogiendo con una ira contenida.
    
    Después sacó sus dedos y los reemplazó por su pija. En esa estrecha cavidad podía sentirse un titán, un enorme hombre con una verga también enorme. Gemí de placer. Era difícil acabar haciéndolo de esa manera, pero por momentos resultaba agradable. Además, lo estaba haciendo por él, no por mí. Mi alma de geisha siempre le jugó a favor, ya que, inconscientemente, consideraba su placer más importante que el mío.
    
    —Sos mía. Sos mía —decía, jadeante. Era algo que nunca había dicho. Jamás había evidenciado ningún sentimiento de posesión hacia mí, ni siquiera en los momentos de lujuria, en donde a veces se daba pequeñas licencias—. Solo mía —repetía.
    
    Me cogió de parado frente al espejo. Y eyaculó adentro.
    
    —No te dije que hicieras eso —le dije, mientras sentía un hilo de semen saliendo lentamente del orificio.
    
    Como única respuesta, Alan me dio una fuerte nalgada. De verdad estaba raro.
    
    Cuando estábamos en el dormitorio, abrazados, desnudos, después de haber hecho otra vez el amor, le pregunté.
    
    —¿Me vas a decir qué pasó entre vos y ...
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