1. La Vecina es la Perra de la Fiesta


    Fecha: 10/11/2025, Categorías: Sexo con Maduras Autor: el Bardo, Fuente: TodoRelatos

    ... excitación y deseo, pero también eran gentiles, enfocadas al placer de ambos y no solo de él. Las piernas abiertas de la mujer tiritaban, su vientre cosquilleaba, como si miles de mariposas quisieras salir de su interior. Su cuerpo sudaba, poco podía enfocar porque sus ojos entrecerrados estaban blancos y su lengua se vino afuera, jadeando...
    
    -¡Oooooohhhhhh! -Le soltó todo en su interior.
    
    Su pene se sacudía en el interior de la vagina de su vecina, soltando latigazos de lefa, mientras se cuerpo se vino encima, enterrando su rostro en el cuello de Romina. Ella rápidamente se percató de que él no era el único que se había corrido, ella se había ido junto con él y su cuerpo se quedó inmóvil por el placer infinito que estaba sintiendo. Sus piernas abiertas temblaban, que rápidamente rodearon la cintura del muchacho para atraerlo más hacia ella, sus brazos se aferraron a la espalda de su vecinito, pero su rostro sufrió una desconfiguración total... su lengua estaba afuera, goteando algo de baba y su ojo derecho se había quedado entrecerrado, ambos blancos de placer.
    
    XVI
    
    Se la tuvo bien metida adentro durante horas, diría que durante toda la noche, dura o flácida, se mantuvo adentro. Cuando parecía que ya había acabado, pensó que se retiraría y, de pronto, volvía a sentirla dura en su interior. Divina juventud. Pero así estuvieron, él encima de ella y dándole, dándole... pero si tuviera que ponerle un nombre a esa noche, sería como la noche de los besos. No dejó de ...
    ... besarla en ningún momento, debía correr la cara para poder respirar como correspondía. Besos tímidos, apasionados, besos que rayaban la inmoralidad, incluso hubo minutos en donde mantenían esas bocas bien abiertas y esas lenguas se saboreaban entre sí.
    
    Se dejó, estaba totalmente entregada a él.
    
    No sabía qué hora era, pero todavía no amanecía. Aunque eso no le decía nada, el invierno en Chile hacía que el sol saliera muy tarde, pero es que tampoco escuchaba nada a su alrededor, el silencio era total. Palpó a su alrededor hasta encontrar los jeans del muchacho, revisó los bolsillos y encontró su iPhone, la pantalla se iluminó y ahí se enteró de que eran pasadas las siete de la mañana.
    
    Debía moverse.
    
    Con mucho cuidado y delicadeza hizo a un lado a Martín, quien ya derechamente dormía tranquilamente y no soltó ninguna queja. Ella le acarició un poco el pelo y luego buscó su ropa. No tenía tiempo para sostenes, simplemente se puso el vestido, intentó arreglarse la coleta negra, notó que tenía todo el maquillaje corrido y su cuerpo algo salado estaba por lo mucho que transpiró esa noche. Sin hacer ningún ruido, sacó el seguro de la puerta de esa pequeña bodega, revisó que no anduviera nadie en el pasillo y salió hacia él.
    
    “Huele a alcohol y sueño... que asco, parece fiesta de veinteañeros” se dijo Romina, soltando un ligero bostezo.
    
    Inmediatamente llegaron a sus oídos algunos resoplidos. Casi soltó un grito al encontrarse a un hombre justo al lado de un mueble, antes ...
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