1. La Vecina es la Perra de la Fiesta


    Fecha: 10/11/2025, Categorías: Sexo con Maduras Autor: el Bardo, Fuente: TodoRelatos

    ... de ingresar a la cocina, durmiendo profundamente abrazado a una botella con vino. Por la cocina miró hacia el jardín trasero y se encontró con cuerpos tirados en el pasto, durmiendo, pero no halló pistas de su marido. Antes de llegar al pasillo, tomó su teléfono que reposaba junto a los vasos en uno de los mesones.
    
    Se dirigió hacia la sala principal que era un espectáculo deplorable. Adultos, la mayoría mayores de treinta años o incluso más, durmiendo como adolescentes por ahí, roncando y resoplando. Una mujer, algo joven, estaba en el sillón de la sala revisando su teléfono y no le prestó atención a la dueña de casa que se acercaba, cuidando sus pasos, a la escalera que le llevaría al segundo piso. No había rastro de rostros conocidos, ni su vecina Valentina o Natalia... tampoco Agustín.
    
    “¿Dónde está Cristina?” se preguntó Romina.
    
    Era un área prohibida, pero notó que el mueble que había puesto en esa escalera estaba corrido, por lo que comenzó a armarse de paciencia para sacar a unos cuantos que debieron haberse colado hacia las habitaciones del segundo piso. Al llegar arriba, contrario a lo que pensaba, no vio a ninguno dormido en la sala de descanso, tampoco vio a nadie en los pasillos... pero estuvo a punto de gritarles a los tres que dormían en su cama matrimonial. Eran los amigos de su marido y uno de ellos había vomitado, afortunadamente, en la almohada de él. Se contuvo, suspirando con rabia.
    
    “Hijos de puta” se dijo.
    
    Juntó esa puerta y cruzó hasta la ...
    ... habitación de su niñita, la puerta estaba entreabierta y, al empujarla, se encontró rápidamente con la desagradable sorpresa. Había unos cuatro colegas de su marido durmiendo junto a los peluches, utilizándolos como almohadas y uno dormía abrazado a uno de los felpudos. Afortunadamente, ninguno osó en dormirse en la cama de ella, pero estaba muy molesta. Tendría una seria conversación con su marido y le cargaría a él la compra de nuevos peluches para su niña. Sin sexo y besos los hubiera despertado a gritos, pero ya que su batería de sexo y besos estaba recargadísima, decidió volver a juntar esa puerta.
    
    “¿Cómo le reemplazaré su peluche favorito?”se preguntó Romina, culpándose por no permitirle a su niñita llevárselo a donde sus abuelos por temor a que el perro se lo estropeara.
    
    Debía aprender que podía confiar más en ese perro que en los colegas de su marido, mientras ahora se dirigía a la habitación de su niñito. Era la más alejada de su habitación, pero a diferencia de las otras dos habitaciones, esa puerta estaba derechamente cerrada. Era imposible que tuviera seguro, por lo que giró lentamente la manilla y se detuvo... tragó saliva.
    
    ¿Dónde estaba su marido? Si no estaba en ninguna de las otras habitaciones y, además, por ningún lado vio a la secretaria de este. Se armó de valor y empujó un poco la puerta para observar hacia el interior. Sus ojos se abrieron en par y debió cubrirse la boca para no gritar.
    
    “No... no puede ser... ella no... ¡no pueden!” se dijo ...
«12...171819...29»