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La Vecina es la Perra de la Fiesta
Fecha: 10/11/2025, Categorías: Sexo con Maduras Autor: el Bardo, Fuente: TodoRelatos
... y de pronto su cuerpo se dobló, afirmó sus manos en sus rodillas sintiendo que el mundo daba vueltas demasiado rápido. Al enderezarse y enfocar la vista notó que alguien lo estaba mirando atentamente, con una ligera sonrisa, mientras cambiaba la tierra esas bonitas rosas, idénticas a las de la casa de su tía. Javiera Jara miró a los alrededores, para cerciorarse de que nadie anduviera cerca. -¿Buena noche? El muchacho sonrió y, con agradable sorpresa, notó como su pene comenzaba a endurecerse listo para la siguiente batalla a pesar del enorme esfuerzo que debió afrontar durante la noche. -Bastante... pero parece que para Agustín fue todavía mejor. Fue fugaz, pero el muchacho notó como Javiera se relamía los labios y se disponía a ponerse de pie, con esas manos llenas de tierra. -¡Mujer! -Los ojos de la vecina se abrieron en par- ¡Mujer!... ¿y el desayuno? Martín no pudo evitar su rostro de decepción mientras que su vecina se ponía de pie y tomaba rumbo hacia la puerta principal de la casa número uno, color blanco nieve. -Le queda bien la falda más corta, vecina -Ella se impactó, tragó saliva y se llevó el dedo índice a la boca, pero antes de ingresar a la casa volvió a mirarlo con una sonrisa patrocinada por esos gruesos labios. No es necesario el apuro, por lo que camina lentito hacia su casa y debe hacerse a un lado de golpe cuando el Mercedes-Benz de su vecino pasa frente a él, agarrando mucha velocidad, para perderse en el horizonte. Quizás, si ...
... caminaba un poco más rápido, ahora estaría tirado en el cemento. Notó, con cierta curiosidad, como la mujer que lo acompañaba era la rubia que no se despegó de él durante toda la noche. Una vez que ingresó a la casa soltó un prolongado suspiro y lentamente comenzó a subir las escaleras. Necesitaba dormir cómodamente de manera urgente, pero antes de ingresar a su habitación escuchó algo que lo hizo detenerse... una especie de gemido, un gemido que le hizo sentir un pinchazo en su estómago. Ese gemido solo podía ser de su tía y obviamente estaba con alguien. Tragó saliva, algo consternado e intentando imaginar quién podía ser. Por su mente pasaron el par de tontos de esa firma de abogados que tuvieron la dicha de bailar con ella y, finalmente, el rostro de Guillermo se le apareció. No quería ver, pero no pudo detener su cuerpo que se acercó a la habitación de su tía. Curiosamente, ya no escuchaba gemidos, el que pudo escuchar había sido el último, quizás el más fuerte y prolongado. La puerta estaba entreabierta, muy junta, pero entreabierta al fin y al cabo y, cuando miró hacia el interior, su mandíbula se le cayó al ver ese espectáculo. “Madre santa” se dijo el muchacho. Valentina Arreghini se había quedado dormida, de eso no cabía duda, se había quedado dormida con un enorme dildo de goma rosado enterrado en esa vagina que él conocía a la perfección por todos los videos porno que había visto de ella. Con las piernas bien abiertas y toda mojada ese espectáculo estaba ...