1. La Vecina es la Perra de la Fiesta


    Fecha: 10/11/2025, Categorías: Sexo con Maduras Autor: el Bardo, Fuente: TodoRelatos

    ... recorriera el cuerpo de la mujer.
    
    Él comenzó a alejarse y no sé le ocurrió nada para poder retenerlo un poco. Fue hacia la sala donde se alojaba el comedor, cuya mesa se arrimó a la pared para dejar espacio a los asistentes de bailar y conversar. Ahí, en un rincón, reposaban los tragos y snacks y ella se sirvió unas papas fritas.
    
    Valentina seguía al medio de la sala, rodeado de varias parejas, ella ahora bailando con Agustín. Soltó un bufido al notar que ese muchachito también quería su dosis de roce de tetas, aunque ella lo sostenía de los hombros, pero sin dejar de contonearse. Quizás adivinó sus intenciones y, si Martín era algo torpe a la hora de bailar, Agustín lo era todavía más. Y él lo sabía, pero al parecer quería seguir ahí, quizás con una remota esperanza de sentir esas enormes tetas en su gordo cuerpo.
    
    Romina frunció el ceño al notar a la mujer que bailaba cerca de ellos. Cristina contoneaba sus curvas bastante cerca, en la sala principal, y le sorprendió que no dejara de mirar de reojo a Agustín, su gordito vecino. No bailaba con alguien feo, tenía un buen cuerpo trabajado, de la edad de ella o un poco menos, abogado de una buena firma, pero no, esa gordibuena solo tenía ojos para el gordito. Debía ser el gordito, no creía posible que estuviera mirando a Valentina. Aunque no sería la única, eran varios los ojos alrededor que se desviaban hacia su vecina de enormes tetas. A pesar de que estaban bien sujetas bajo unos gruesos sostenes, estas eran ...
    ... inquietas y se bamboleaban de un lado a otro.
    
    “Ay... Cristi... no” se dijo Romina.
    
    Fue testigo de toda la maniobra que terminó con una enorme desilusión en el rostro de la prima de su marido. Valentina se alejó de Agustín, algo acalorada y sacándose esa chaqueta de mezclilla, luego de decirle algo. La dueña del condominio cruzó el pasillo hasta la sala del comedor y su sobrino se le acercó acercándole una copa de champagne. El gordito algo solo se quedó, meneando su cuerpo en la sala principal y al ritmo de la música para no quedarse estático, pero evidentemente desilusionado. Y entonces Cristina decidió que era el momento de dejar de bailar con ese abogado y dio el salto, queriendo posar su mano en el hombro de este pero, justo en ese momento, la puerta principal se abrió e ingresaron sus vecinos del número tres, Natalia Nazal y su marido, Alfredo Vergara. Eso hizo que el gordito se escabullera.
    
    Pudo imaginarse el chasquido de lengua de Cristina al ver como ese gordito se le iba y se acercó a una de las bandejas cercanas al rincón de la sala principal para servirse un cortito de whisky, el que se lo tragó al seco.
    
    Romina, algo más relajada en la oscuridad de ese rincón de la sala del comedor, observó a sus vecinos. Natalia lucía hermosa y eso no era una costumbre, o sea, era bonita, pero siempre debajo de esos atuendos de enfermera; utilizaba una polera negra de hilo escotada que dejaba una detallada impresión de lo grande que eran esas tetas, sus brazos eran cubiertos ...
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