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Abuse a mi roomie. Gay
Fecha: 28/11/2025, Categorías: Dominación / BDSM Fetichismo Gays Autor: C-MAN.GE, Fuente: SexoSinTabues30
... no funcionó. Mientras me enjuagaba, seguía viendo sus pies venosos, sus axilas peludas, su verga colgando cuando se cambió frente a mí. Todo estaba grabado a fuego en mi cabeza. Salí del baño, me vestí rápido, agarré mi mochila y pasé de nuevo por la sala. Ellos seguían dormidos, sin moverse, como si el mundo fuera perfecto para ellos. Me detuve un segundo, mirando los calcetines sucios de Emiliano todavía tirados en el suelo, junto a sus tenis. Sentí el impulso de tomarlos otra vez, de llevármelos, pero el zape que me dio anoche resonó en mi nuca como advertencia. No, Alfonso, no seas pendejo, me dije. Abrí la puerta del depa con cuidado para no hacer ruido y salí. El aire fresco de la madrugada me pegó en la cara, pero no hizo nada para calmar el nudo en mi pecho. Mientras caminaba hacia la parada del camión para irme a la uni, sabía que iba a pasar el día entero con la mente en otro lado, atrapado en el recuerdo de Emiliano, en lo que pasó, en lo que nunca iba a pasar. Y aunque una parte de mí quería odiarlo por hacerme sentir así, otra parte, la más enferma, solo quería volver a casa y encontrarlo ahí, aunque fuera para que me gritara de nuevo. **** Llegué al depa como a las seis de la tarde, con el cuerpo cansado de la uni y la cabeza todavía hecha un desmadre. El sol ya se estaba poniendo, y la luz anaranjada se colaba por las cortinas, dándole al lugar un aire cálido pero pesado. Abrí la puerta y ahí estaba Emiliano, tirado en el sillón, jugando a la Play ...
... como si nada. La tele echaba los sonidos del FIFA, con el control en sus manos venosas y los pies, otra vez, subidos en la mesa de centro. Llevaba unos calcetines diferentes, grises, pero igual de gastados, y el olor a macho, a sudor, ya estaba impregnado en el aire. No había rastro de su novia, ni de la sábana terracota, ni de nada que recordara lo de anoche, pero el ambiente entre nosotros estaba cargado, como si una corriente eléctrica flotara en el cuarto. Cerré la puerta detrás de mí y dejé mi mochila en la mesa del comedor, tratando de actuar normal. Pero el silencio entre nosotros era incómodo, de esos que pesan como una losa. Nadie decía nada. Él no levantó la vista de la pantalla, sus dedos moviéndose rápido en el control, pero su mandíbula estaba tensa, como si estuviera apretando los dientes. Yo tampoco sabía qué decir. ¿Cómo carajos sigues una conversación después de lo que pasó? ¿Después de que te dio un zape y te gritó “pinche joto” mientras te miraba con desprecio? Me quedé parado un momento, mirándolo de reojo. Su cabello rizado estaba un poco desordenado, y la barba de tres días le daba esa vibra ruda que me tenía idiotizado. La playera que traía, una negra ajustada, marcaba sus pectorales y dejaba entrever el vello recortado de su pecho. Sus brazos, fuertes, con las venas marcadas, se movían con cada jugada, y joder, no podía evitar fijarme en sus axilas cuando levantaba un brazo para rascarse la nuca. El olor a sudor fresco me llegó, y aunque intenté ...