1. Abuse a mi roomie. Gay


    Fecha: 28/11/2025, Categorías: Dominación / BDSM Fetichismo Gays Autor: C-MAN.GE, Fuente: SexoSinTabues30

    ... ignorarlo, mi cuerpo reaccionó como el pinche enfermo que soy.
    
    —Qué onda —dije al fin, rompiendo el silencio, pero mi voz salió más baja de lo que quería, casi como si tuviera miedo de que me fuera a madrear otra vez.
    
    —Qué onda —respondió él, sin quitar los ojos de la pantalla. Su tono era seco, cortante, como si quisiera dejar claro que no iba a hablar de nada más allá de lo necesario.
    
    Me senté en una silla del comedor, fingiendo que sacaba algo de mi mochila, pero en realidad solo quería estar cerca, aunque fuera para sentir esa tensión que me quemaba por dentro. Él seguía jugando, pero noté que sus movimientos eran más bruscos, como si estuviera molesto o nervioso. Cada tanto, sus dedos se flexionaban en los calcetines, y el movimiento me distraía, llevándome de vuelta a ese momento en que los tuve en mis manos, en mi cara.
    
    —¿Cómo te fue en la uni? —preguntó de repente, sin mirarme, como si quisiera llenar el silencio con cualquier mierda.
    
    —Bien, wey, lo de siempre —respondí, tratando de sonar casual, aunque mi corazón latía como si estuviera a punto de confesar algo. Quería preguntarle por lo de anoche, por su novia, por qué carajos me dejó seguirle el juego si ahora actuaba como si nada hubiera pasado. Pero no dije nada. El zape y sus palabras todavía me ardían.
    
    Él gruñó algo, no sé si un “qué bueno” o solo un ruido, y siguió con su juego. El silencio volvió, más pesado que antes. Me levanté, fui a la cocina a sacar una chela del refri, y me quedé ahí, ...
    ... apoyado en el mostrador, mirándolo desde lejos. Sus piernas peludas, sus manos, su forma de sentarse, todo me jalaba como imán, pero también me recordaba que él no quería esto, que para él yo era solo un error, un momento de borrachera o curiosidad que ahora lo tenía incómodo.
    
    —Oye, wey —dije, sin pensar, con la chela en la mano—. Lo de ayer…
    
    —No, Alfonso —me cortó, sin siquiera mirarme. Su voz era dura, como una pared—. Ya te dije, eso no se repite. Ni lo menciones, cabrón.
    
    Tragué saliva, sintiendo el nudo en el estómago apretarse más. Asentí, aunque él no me estaba viendo, y me quedé callado, bebiendo un trago largo de la cerveza para calmar el calor que subía por mi pecho. Él siguió jugando, pero ahora sus movimientos eran más rápidos, casi agresivos, como si quisiera descargar algo en el control.
    
    Me senté de nuevo, fingiendo que revisaba mi libro, pero mis ojos seguían yendo a sus pies, a sus brazos, a su cara. El silencio entre nosotros era un pinche abismo, pero una parte de mí, la más enferma, no podía evitar esperar que algo, cualquier cosa, rompiera esa barrera otra vez. Aunque sabía que él no iba a ceder, que su novia era su mundo, y que yo, para él, no era más que un momento que quería olvidar.
    
    El silencio en el depa era como un cuchillo, cortando el aire entre nosotros. Yo seguía con la chela en la mano, sentado en la silla del comedor, tratando de encontrar las palabras para sacar el tema, para entender qué carajos había pasado entre nosotros. Pero ...
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