-
Abuse a mi roomie. Gay
Fecha: 28/11/2025, Categorías: Dominación / BDSM Fetichismo Gays Autor: C-MAN.GE, Fuente: SexoSinTabues30
... cada vez que abría la boca, sentía su mirada pesada, como si me estuviera advirtiendo sin decir nada. Aun así, no pude quedarme callado. —Wey, neta, solo quiero hablar de… —empecé, pero no terminé la frase. Emiliano dejó el mando de la Play en la mesa con un golpe seco, haciendo que la madera vibrara. Se levantó del sillón de un brinco, con los hombros tensos y los puños apretados, como si estuviera a punto de madrearme. Se puso en pose de cholo, con el pecho inflado y las cejas fruncidas, mirándome como si yo fuera el enemigo. Sus ojos café oscuro echaban chispas, y su mandíbula estaba tan apretada que podía ver la sombra de su barba moverse. —¡Ya te dije que no, wey! —gritó, acercándose un paso, apuntándome con el dedo como si fuera a cantar un tiro—. ¿Qué quieres, que te dé una pinche violada o qué, cabrón? ¡Dime, wey! ¡Pinche joto! Sus palabras me pegaron como un madrazo. Me quedé helado, con la chela a medio camino de mi boca, sintiendo cómo el corazón se me subía a la garganta. Pero él no paró ahí. Dio otro paso, invadiendo mi espacio, y bajó la voz, pero sonó aún más venenosa. —¿Qué, te gustan mis patas o qué, cabrón? —dijo, señalando sus pies, todavía enfundados en esos calcetines grises que me tenían idiotizado—. Me dan asco, wey. Tú y tus pendejadas. Se puso justo frente a mí, tan cerca que podía oler su sudor mezclado con el desodorante barato que usaba. Por un segundo, pensé que me iba a golpear. Sus manos estaban cerradas en puños, y su cuerpo ...
... estaba tenso, como un resorte a punto de saltar. Me preparé para lo peor, pero en lugar de un madrazo, Emiliano chasqueó los labios, con una mueca de desprecio, y me dio una bofetada suave en la mejilla. No fue fuerte, pero el gesto me dolió más que cualquier golpe. Era como si quisiera ponerme en mi lugar, humillarme, dejar claro que él mandaba. Me quedé quieto, con la cara ardiendo, no solo por la bofetada, sino por la vergüenza y el deseo que, aunque no quisiera admitirlo, seguían ahí. Lo miré, tratando de encontrar algo en sus ojos, alguna señal de que esto era solo un arranque, pero solo vi furia y confusión. Sus cejas pobladas estaban fruncidas, y su pecho subía y bajaba rápido, como si él también estuviera luchando contra algo. —Déjalo, Alfonso —dijo, más calmado, pero con un tono que no dejaba espacio para réplicas—. No quiero más de tus pinches cosas raras. ¿Entendiste? Asentí, sin decir nada, porque ¿qué carajos iba a decir? Él dio un paso atrás, todavía mirándome como si quisiera asegurarse de que no iba a abrir la boca. Luego, sin más, volvió al sillón, agarró el mando y siguió jugando, como si nada hubiera pasado. Pero el aire entre nosotros estaba más pesado que nunca, cargado de palabras no dichas, de deseos que yo no podía apagar y de una barrera que él había levantado con todo y cemento. Me terminé la chela en dos tragos largos, tratando de calmar el nudo en mi pecho. Pero no había forma. Su olor, su presencia, seguían ahí, quemándome. Y aunque ...