1. El círculo. Cap.31. Todo depende de tí


    Fecha: 28/11/2025, Categorías: Infidelidad Autor: Ixchel Diaz M, Fuente: TodoRelatos

    ... que Abril no le escribiera durante horas, pero esa noche algo le raspaba. La ausencia era distinta. No punzante. Más bien… prolongada.
    
    No quiso pensarlo. Volvió a la tabla. Movió una celda. Hizo una suma. La cantidad le hizo sentido. Corrigió un margen. Respiró hondo. El mapa electoral parecía responderle mejor que las personas.
    
    Y entonces, tres golpes suaves. Ese ritmo. Esa cadencia. Como si la puerta fuera parte del cuerpo de quien tocaba.
    
    Sonrió.
    
    —Pasa —dijo sin mirar.
    
    La puerta se abrió despacio. Helena. Siempre era Helena.
    
    Entró sin hablar, sin preguntar. Tenía un vestido oscuro, liso, sin escote. Pero el corte en la pierna subía demasiado. El perfume llegaba antes que su cuerpo. Y sus ojos, esos ojos de cazadora cansada, lo miraron como se mira a un altar después de una larga sequía.
    
    En la mano, llevaba una pequeña caja negra. Y dentro, un anillo de plata vieja.
    
    —Eres la única llama que no se apaga —dijo. Sin sonreír.
    
    Damián la miró de frente. Luego alzó una ceja.
    
    —¿Y ahora qué es esto? ¿Una ceremonia?
    
    —Un recordatorio.
    
    Se lo puso en la mano. No tenía ninguna piedra, ningún símbolo. Solo un círculo liso, frío. Como una promesa sin testigos.
    
    —El Círculo se va a alinear pronto —susurró—. Las señales ya empezaron. La sombra se reacomoda. Todo está por reescribirse.
    
    Damián rió. Bajo. Cansado. Con los dientes entrecerrados.
    
    —No creo en predicciones, ni en los astros, ni en los cuarzos... ni en el zodiaco. —Y al decirlo, la jaló ...
    ... suavemente por la cintura—. Aunque me encanta cómo se te ve ese nuevo aire de profeta cansada.
    
    La besó sin avisar. Primero la comisura del labio. Después el cuello. Luego más abajo. Ella cerró los ojos. Sonrió. Una sonrisa genuina. No de las que usan en las cenas del Círculo. Sino de las que se escapan en los pasillos donde nadie vigila.
    
    —¿Tienes un plan? —susurró, con los dedos en la nuca de él.
    
    Damián no dejó de besarle la clavícula.
    
    —Sí. Que Serrano gane. Que el sistema respire. Que la ciudad no explote.
    
    Helena se rió. Una risa breve, áspera, incrédula.
    
    —Nunca me dices el plan real.
    
    —Porque no lo entenderías.
    
    La empujó contra el escritorio. Los papeles volaron. La tabla dinámica desapareció. La ciudad, con sus márgenes de error, quedó lejos. Sólo quedó el sudor. Y la forma en que ella lo desnudó como si cada botón le costara un recuerdo.
    
    La cogió como se coge a alguien que se conoce demasiado. Sin prisa. Sin romance. Con las manos donde ya saben. Con los labios donde ya no preguntan.
    
    El sexo entre ellos ya no era explosión. Era lenguaje. Y esa noche, fue conversación. Un "te entiendo". Un "aquí seguimos". Un "nadie nos mira".
    
    Cuando Damián se vació en ella, de frente, mientras le besaba la frente, el cuerpo de Helena seguía vibrando. Ella cerró los ojos y lo abrazó.
    
    Damián la llevó a su casa. Condujo en silencio. Ella iba descalza, con los tacones en la mano, el cabello suelto, los labios mordidos. Le acarició el muslo al bajarse. Él no ...
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