1. El círculo. Cap.31. Todo depende de tí


    Fecha: 28/11/2025, Categorías: Infidelidad Autor: Ixchel Diaz M, Fuente: TodoRelatos

    ... pasillo con pasos rectos.
    
    Cuando llegó al centro de operaciones —una especie de sala improvisada con laptops, cables enredados, y café frío por todas partes— todos la miraron. Primero en silencio. Después con expectativa. Abril no dijo “buenos días”.
    
    Solo levantó la voz. Y dijo:
    
    —Mañana vamos a la guerra.
    
    Se hizo un silencio denso. Ella no hablaba así. Nunca. Y eso, precisamente, los obligó a escucharla.
    
    —Yo sé que esto empezó como una locura. Que muchos llegaron sin saber bien qué era esto. Que vinieron por mí, por la rabia, por el sueño, por un sueldo. Me da igual. Hoy ya no se trata de mí. Ni siquiera de este escaño. —Los ojos le brillaban, pero no lloraba—. Mañana vamos a pelear contra algo que no se ve. Contra un sistema que ya decidió. Contra una historia escrita sin preguntarnos.
    
    Se acercó a la mesa. Puso las dos manos sobre ella.
    
    —Y sé que la mayoría piensa que no vamos a ganar. Que el aparato, que el partido, el gobierno, que los millones… Que ya perdimos. Pero yo no vine aquí para ganar. Vine pararomper.
    
    Un murmullo se movió entre el equipo.
    
    —Si vamos a caer, vamos a caer haciendo ruido. Vamos a dejar cicatriz. Que sepan que estuvimos aquí. Que sepan que no todo fue obediencia.
    
    Respiró hondo. Miró uno por uno.
    
    —Yo soy la candidata. Pero ustedes son la familia que se armó en esta guerra. Y cuando entremos mañana, cuando pisen las casillas, cuando vean los sobres, cuando cuenten los votos… ustedes van conmigo. Ustedes entran al Senado ...
    ... conmigo. Porque sin ustedes no hay nada. ¿Quedó claro?
    
    Asintieron. No hubo aplausos. No hacía falta.
    
    —Así que dejen de preguntarse si se puede. Vamos a hacerlo. Aunque sea lo último que hagamos.
    
    Y se fue. Sin esperar respuesta. Sin sonreír. Sin mirar atrás.
    
    Ese día, todos trabajaron en silencio. Ya no con la esperanza de una victoria, sino con la certeza de que la guerra era real. Y Abril, por primera vez, ya no esperaba que nadie la salvara. Porque ahora sabía que el fuego venía de adentro.
    
    __
    
    La oficina tenía la luz apagada. Solo la pantalla del monitor iluminaba los papeles desordenados, la taza con café frío, las colillas amontonadas en un cenicero de vidrio sucio.
    
    Eran las 10:43 de la noche.
    
    Segundo día de veda. Las calles estaban vacías, los candidatos escondidos, los estrategas fingiendo calma. Damián estaba solo. Como tantas veces.
    
    La hoja de Excel se abría como una telaraña sobre su escritorio: columnas con datos de participación histórica, casillas marcadas en rojo, zonas de conflicto, barrios flotantes.
    
    Había armado una tabla dinámica con filtros por alcaldía. Cada sección tenía un número, una historia, una columna al lado con la probabilidad de error. La ciudad era un cuerpo abierto. Y él, el cirujano con los dedos firmes.
    
    Fumaba un cigarro que no sabía si era el cuarto o el séptimo del día. Llevaba el saco sobre el respaldo de la silla y la corbata deshecha.
    
    El ventilador zumbaba con desgano. Y el teléfono… mudo.
    
    No era raro ...
«12...8910...20»