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El círculo. Cap.31. Todo depende de tí
Fecha: 28/11/2025, Categorías: Infidelidad Autor: Ixchel Diaz M, Fuente: TodoRelatos
... dijo nada. Cuando volvió al coche, encendió la pantalla del celular buscando una señal de vida de Abril. Nada. Ningún mensaje. Ninguna llamada. Ni un emoji. Ni un “oye”. Se quedó unos segundos mirando la notificación vacía. Y por primera vez en semanas, no supo si el silencio era parte del plan… O una grieta que no había calculado. _ La primera que escuchó fue la reja del zaguán. Luego, el portazo. Y después, el llanto. Míriam estaba sola en casa. Damián había salido hacía dos días, “a resolver cosas en Toluca” había dicho, sin detalles, sin planes de volver antes de la elección. La casa estaba quieta, como en pausa. Ella había bajado a preparar té cuando la escuchó. Corrió al pasillo. Ximena estaba ahí. Tambaleante. Ojerosa. Con el rimel corrido y una botella de vodka de litro y medio colgando de la mano. Llevaba un suéter largo sobre un vestido demasiado corto y el cabello hecho nudos. Parecía de otra ciudad. De otro mundo. Pero era ella. La misma niña que Miriam había visto crecer entre clases de natación y mochilas de Hello Kitty. —¿Qué chingados…? —alcanzó a decir antes de cruzar la sala. —No me digas nada… —susurró Ximena—. No digas ni madres… solo… ¿puedo llorar? ¿Aquí? —Shhh… claro que sí, mi amor. Míriam le quitó la botella con cuidado, como quien desactiva una bomba casera. La dejó sobre la mesa sin mirar la etiqueta. Y entonces la abrazó. Sin palabras. Sin juicio. Ximena tembló como un animal mojado. Apestaba a cigarro, sudor y ...
... desilusión. Lloraba sin sonido, con el rostro escondido en el cuello de Míriam, como si fuera una niña que acababa de caerse de la bici. —Ya… ya… aquí estás. Ya no pasa nada —le susurró—. Todo va a estar bien, mi amor. Todo. —No… no está bien… es un hijo de puta —balbuceó, mordiéndose los labios—. Un pendejo… infiel… me cogió y… y luego... tenía otras. Míriam sintió un latido en la garganta. Cerró los ojos. La sostuvo más fuerte. La abrazó como quien abraza a la niña que alguna vez fue. Y en ese abrazo, se sintió menos sola, menos rota. —¿Julio? Ximena asintió. Le mojó la blusa con lágrimas y babas. Se sentaron en el sofá. La botella seguía en la mesa, como un testigo mudo. —¿Quieres que le llame a tu papá? —No. Por favor, no. No quiero regaños. Solo quiero… estar aquí. Contigo. Nada más. —Está bien. Lo que tú digas. Míriam se levantó. Le preparó un vaso con electrolitos y un par de tostadas con frijoles. Ximena comió en silencio. De repente le brillaban los ojos. De repente se volvía a quebrar. —Era mi primera vez —dijo, bajito, con la tostada a medio morder—. Y yo pensé… neta pensé que… que era especial. Que era con él. Que sí le importaba. —Y tal vez sí le importabas —respondió Míriam—. Pero eso no quita que sea un cabrón. —Me siento estúpida. —No lo eres. —Me siento usada. —Eso sí se vale. —¿Alguna vez…? —Sí —interrumpió Míriam, mirándola a los ojos—. A mí también me rompieron el alma a los dieciocho. A los veintitrés. A ...