1. El círculo. Cap.31. Todo depende de tí


    Fecha: 28/11/2025, Categorías: Infidelidad Autor: Ixchel Diaz M, Fuente: TodoRelatos

    ... Demasiado dolor.
    
    —Así que no es venganza. —Damián lo dijo sin temblor—. Es justicia. Y si en el camino me cojo a su esposa, le rompo su partido y lo dejo sin peones... bueno, eso ya es... placer colateral.
    
    Damián se preguntó si toda esa furia venía de él o de un lugar aún más viejo: el de un padre que nunca para aprender algo más que el control seducción.
    
    Jorge asintió.
    
    —Entonces vamos.
    
    —Vamos.
    
    __
    
    Lucerna 24 ya se veía al fondo. El sol apenas quería salir. Y el día, ese día, aún no había empezado.
    
    Pero la guerra ya estaba en marcha. Y Damián… no iba a detenerse.
    
    __
    
    El edificio de la Secretaría del Bienestar en la colonia Juárez no era nada especial. Lucerna 24, letras grises, fachada aburrida, estacionamiento apenas techado. A esa hora —6:31 a.m.— no había vecinos ni ruido. Solo los primeros rayos de luz rebotando en el pavimento y el eco tenue de un país que siempre se despierta con resaca.
    
    El coche se estacionó sin ruido.
    
    Damián bajó sin apuro. Llevaba el maletín cruzado al pecho y la cara lavada. Solo ojos. Ojos de plomo.
    
    Jorge se quedó en el auto. Esperando. Listo para todo. Para nada.
    
    Adentro, el salón principal del edificio ya hervía. Casi setenta personas. Coordinadores, enlaces, operadores. Hombres y mujeres de todos los colores. Camisas rojas, beige, algunas guayaberas. Rostros con sueño y ansiedad, pero todos —todos— sabían que estaban ahí para algo sucio. Solo que aún no sabían qué tanto.
    
    Y ahí, parado al frente, con ...
    ... los brazos cruzados, estaba Alfredo Palazuelos, el delegado federal del Bienestar en la CDMX. Un tipo gris. Leal al partido. Sin formación en nada, pero con 20 años en estructuras. Tenía cara de primo incómodo. Y hablaba como si todo lo dijera entre comillas.
    
    —Ya llegó —dijo apenas, al ver a Damián.
    
    Damián no lo saludó. Solo caminó hacia el frente. Se paró en el centro del salón. Miró a todos como si ya supiera quién iba a traicionarlo.
    
    Después habló.
    
    —Cierren la puerta. Y guarden sus celulares.
    
    Al principio, silencio. Dos o tres se miraron. Una mujer al fondo hizo el gesto de “¿de verdad?”
    
    —Les estoy diciendo que guarden sus celulares. Todos. Aquí al frente. —Su voz no subía, pero tenía filo.
    
    Uno a uno fueron soltándolos. Sobre una mesa blanca, se apilaron los aparatos. Casi setenta teléfonos. Como si se rindieran.
    
    Cuando el último quedó encima, Damián respiró. Luego caminó lento, de un lado a otro, con las manos en la espalda. Los miró a todos. Nadie hablaba. Solo se escuchaba el zumbido del ventilador.
    
    —Ya sé que tienen una instrucción del partido —empezó—. Ya sé que llevan semanas preparando la estructura. Que tienen listas piramidales, padrones de beneficiarios, listas de llamadas, promotores, “activistas comunitarios”, “vecinas comprometidas”. Ya sé que cada uno de ustedes tiene una meta por sección. Y que esa meta se llama César Serrano.
    
    Pausa.
    
    —Pero hoy les vengo a decir algo muy claro.
    
    Los ojos de todos se clavaron en él. Hasta ...
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