1. El círculo. Cap.31. Todo depende de tí


    Fecha: 28/11/2025, Categorías: Infidelidad Autor: Ixchel Diaz M, Fuente: TodoRelatos

    ... de veinte. Tenía el mismo mentón que Fabiola, pero los ojos más vivos. Un vestido negro ajustado, botas altas, perfume caro.
    
    —Ella es mi sobrina —dijo Fabiola, sin mucha emoción—. Está de visita.
    
    La chica saludó con la mirada. Y bajó por el pasillo hacia la cocina.
    
    Jorge se giró para verla pasar. Damián lo miró y dijo, bajito:
    
    —Otra vez con cara de pendejo, mi George.
    
    —Ya van dos —murmuró Jorge—. Y apenas es media mañana.
    
    Damián sonrió. Y salieron a la calle. El sol empezaba a arder. Pero la guerra seguía helada.
    
    __
    
    Después de Polanco vino Iztacalco.
    
    Un viejo líder de transportistas, de esos que todavía hablaban con voz aguardientosa y llevaban los pantalones hasta el ombligo, los recibió en una oficina decorada con fotos de autobuses y vírgenes.
    
    No pidió dinero. Pidió impunidad para un par de rutas. Tres concesiones. Damián tomó nota. Prometió lo justo.
    
    De ahí, rumbo a Azcapotzalco. Comerciantes de tianguis, cabrones con playera de la América y gorras de Coca-Cola. Uno de ellos pidió cámaras de seguridad nuevas para los puestos. Otro, poder vender en domingo frente al Metro sin que los corrieran.
    
    Damián asentía, sin apuntar. Tenía todo en la cabeza. También los nombres. También las caras.
    
    Luego, ya con hambre, un par de tacos al pastor en la Narvarte. Jorge pidió dos con queso. Damián comió parado, sin hablar.
    
    —¿Y si no funciona? —preguntó Jorge mientras se limpiaba la boca con una servilleta rota.
    
    —¿El qué?
    
    —Todo esto. Que ...
    ... Barduján no gane.
    
    Damián masticó.
    
    —Si no gana... Entonces nos chingamos solos.
    
    __
    
    Cayó la noche en la ciudad y aún quedaban dos paradas. Una en la colonia Valle Gómez, con electricistas de los viejos tiempos. Hombres duros, ex sindicalistas, leales al dinero y al que tenga huevos. Ahí, Damián no ofreció más que una frase: “El futuro no se gana con miedo.”
    
    Firmaron un acuerdo simbólico. Lo sellaron con mezcal.
    
    La última visita fue en la colonia Santa Úrsula Coapa, en un salón de fiestas abandonado. Comerciantes del sur, el cinturón que la izquierda siempre daba por ganado. Ahí, Damián ofreció lo único que podía ofrecer a esas alturas del día: promesa de respeto.
    
    La gente lo aceptó.
    
    Ya eran las 11:17 p.m. cuando cruzaron los arcos de Palacio Nacional de regreso. El zumbido de los reflectores y la Guardia Nacional se sentía lejano, como en otra ciudad.
    
    Jorge conducía despacio. La ciudad parecía haberse tragado el escándalo del día.
    
    —Gracias, George —dijo Damián, rompiendo el silencio—. Neta. Mañana ni vengas. Va a estar de hueva.
    
    Jorge resopló, como si se lo pensara un segundo.
    
    —Mejor vengo. Por si se ofrece algo.
    
    Damián sonrió, de lado. Le palmeó el hombro.
    
    —Eres cabrón.
    
    —Y barato —contestó Jorge, encendiendo un cigarro.
    
    __
    
    Damián llegó a su casa casi a la una de la mañana. Abrió la puerta con cuidado.
    
    Silencio. Solo el tic tac del reloj en la cocina. La sombra de la sala alargada.
    
    Miriam dormía en el sillón largo, con una ...