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El círculo. Cap.31. Todo depende de tí
Fecha: 28/11/2025, Categorías: Infidelidad Autor: Ixchel Diaz M, Fuente: TodoRelatos
... Que el calor del cuerpo se evaporaba. Se vistió rápido. No dijo nada. Tomó el teléfono de Julio. Lo lanzó con fuerza contra la puerta del baño. Se oyó un golpe seco. Él gritó: —¡¿Qué pedo, Xime?! Ella lo esperó, ya de pie, con los ojos clavados en él cuando salió cubierto con una toalla. —Te odio —dijo, con voz firme, sin lágrimas—. Eres un asqueroso infiel. Ojalá te pudras solo. Él no tuvo tiempo de hablar. Ella ya había cerrado la puerta. Y afuera, el mundo seguía igual. Pero para Ximena, algo se había roto. Y al mismo tiempo, algo se había armado. Como un hueso después de fractura. Una primera vez. Bien gastada. Bien terminada. __ Entraron por un sótano. Ni placas, ni escoltas, ni logos. Solo un portón oxidado en una calle sin nombre, en una colonia del sur de la Ciudad de México que Miriam no habría podido ubicar en el mapa, aunque la hubieran amenazado. Bajaron de la Suburban sin decir palabra. Damián delante. Ella detrás. Tacones bajos, escote pronunciado, falda oscura. Sabía perfectamente lo que traía puesto. Sabía cómo se veía. Se había maquillado con delicadeza: labios apenas húmedos, delineador sin drama. El escote era generoso, pero no vulgar. Un arma de distracción inicial. Sabía que durante los primeros quince minutos todos en esa sala la mirarían. Después, la ignorarían. Como siempre. Entraron. Un salón sin ventanas. Frío como quirófano. Mesa ovalada. Madera negra. Siete sillas ocupadas por hombres con trajes discretos pero ...
... relojes carísimos. Solo una mujer: la gobernadora del Estado de México. Morena, altiva, rostro joven pero con los ojos viejos. —Llegan tarde —dijo alguien, sin sarcasmo. Damián no se disculpó. Se sentó. Míriam a su izquierda. No sacó libreta ni tablet. Solo cruzó las piernas, giró la cabeza y empezó a mirar. Uno por uno. Estaban los gobernadores del centro: Tlaxcala, un tecnócrata bajito que parecía más contador que político. Hidalgo, un exmilitar reciclado, con el pecho inflado y la voz ronca. Morelos, un viejo zorro de pelo blanco, conocido por hablar poco y mover mucho. Altamirano, el de Puebla, ambicioso y opaco. Ojos de víbora, camisa siempre impecable. Y la del Estado de México, que solo hablaba cuando sabía que podía mandar a alguien al carajo. Damián los miró como si los conociera desde antes, como si supiera ya qué iban a decir. —Estamos aquí porque la presidenta quiere empezar a construir el relevo —dijo, sin preámbulo—. CDMX no se puede regalar. Un silencio espeso. Nadie tomaba agua. —¿No que eso lo iba a definir Lorenzo? —dijo Altamirano, acomodándose el reloj sin verle directamente. Miriam sintió una tensión sutil en el brazo de Damián. Como si se preparara para lanzar algo con cuidado, con precisión. —Lorenzo ya decidió la candidatura al escaño —dijo él, sin levantar la voz—. La entregó a Serrano. Lo defendió. Lo armó. Lo sostuvo. Lo que pase ahora… es su resultado. Hubo un zumbido contenido. Nadie lo contradijo. —Abril se ve fuerte ...