-
El círculo. Cap.31. Todo depende de tí
Fecha: 28/11/2025, Categorías: Infidelidad Autor: Ixchel Diaz M, Fuente: TodoRelatos
... —murmuró el de Morelos—. Pero lo que hay detrás de Serrano es otra cosa. El partido. El Círculo. El dinero. No se puede pelear contra eso. —No —dijo Damián—. No se puede. —Y Miriam, sin voltear a verlo, sintió cómo esa frase contenía un guiño oculto, un doblez en el lenguaje. Como si dijera “no se puede” mientras pensaba “ya se hizo”. La gobernadora mexiquense se cruzó de brazos. Miró a Damián con ojos secos. —¿Es cierto que fue tu particular? El aire cambió de peso. Damián la miró, directo. —Sí. Lo fue. Todos callaron. Míriam también. Nadie dijo la palabra Círculo otra vez. Nadie preguntó nada. Pero lo sabían. Sabían lo que él significaba en ese mundo subterráneo. Sabían que Abril no había llegado a donde estaba sola. Sabían que alguien la había impulsado. No con dinero. Con conocimiento. Con un mapa. Con tiempo. Damián respiró hondo, y con esa voz de terciopelo que usaba cuando quería parecer generoso, dijo: —La política tiene caminos distintos para cada quien. No siempre es uno el que los define. Mentira. Pero nadie le llamó mentiroso. En cambio, el de Hidalgo dijo: —Para lo que nos propones, es pronto. Si Serrano gana con ventaja, si Lorenzo queda fuerte… ¿cómo justificamos cambiar la línea para la capital? Míriam miró al ex capitán de Hidalgo. El hombre tenía el rostro rojo, pero no era por calor. Era por la cercanía con el poder. Era por la culpa. —Tendremos que ver cómo se acomoda todo —dijo Altamirano. —Exacto —dijo el de ...
... Tlaxcala, que nunca decía nada—. Todo depende de cuánto margen tenga Serrano. Abril no va a ganar, pero puede chingar el margen. Y eso nos puede chingar a todos. Damián no discutió. Asintió con una lentitud casi elegante. Como si jugara ajedrez con diez tableros a la vez. Míriam lo vio desde el rabillo del ojo. Nadie lo entendía del todo. Nadie sabía si lo que acababa de decir era lo que pensaba. O si solo había venido a medirlos. __ Salieron casi dos horas después. Nadie se despidió con calidez. Solo manos frías y promesas que se decían con las cejas. Ya en la Suburban, con las luces apagadas y el silencio encima, Míriam soltó: —Ya saben. Ya te vieron. Damián no volteó. Encendió un cigarro. Exhaló. —Que miren bien —dijo, sonriendo con esa sonrisa rara que no es de gusto, sino de advertencia. Ella lo miró. Lentamente. Luego bajó la vista a su propio escote. —Ni eso les importa cuando hay poder de por medio. —Tú los distraes, yo los acomodo. —No los tienes acomodados, Damián. Él giró la cabeza. La miró de verdad. —Aún no —dijo. Silencio. La Suburban tomó Viaducto. Afuera, la ciudad respiraba despacio. Los edificios no sabían nada de la guerra que se estaba gestando entre los cuerpos que los caminaban. Y Míriam, sin moverse, pensó: Todos creen que Abril es la jugada. Pero la jugada sigue siendo él. Y ese pensamiento, aunque no le dolía, la hizo cerrar los ojos. Como quien se prepara para un temblor que no ha comenzado. __ La ...