1. La mascara escarlata – parte 2


    Fecha: 30/11/2025, Categorías: Fantasías Eróticas Fetichismo Voyerismo Autor: PetterG, Fuente: SexoSinTabues30

    ... con quién te has metido, esta noche, no saldrás de aquí si no es muerta. Pero antes… todos te violaremos, maldita perra!
    
    —¡Ya basta! —rugió Clara.
    
    Y con un giro veloz, descargó una patada lateral directa al pecho del tipo, lanzándolo contra la pared como un saco. El golpe hizo crujir la madera y la sala entera se congeló por un instante… luego, el caos estalló.
    
    Otro hombre intentó sujetarla por detrás, pero Clara se agachó, tomó impulso con una pierna y, girando sobre sí misma, le propinó un codazo brutal en la mandíbula que lo dejó inconsciente antes de caer. Una botella voló hacia ella, pero la esquivó con una inclinación elegante del torso, que hicieron que sus senos rebotaran. Al reincorporarse, soltó un puñetazo directo al estómago del siguiente agresor, haciéndolo doblarse como un papel.
    
    Los gritos se mezclaban con el estruendo de sillas cayendo. Tres más se abalanzaron sobre ella al mismo tiempo. Clara saltó, girando en el aire, y extendió ambas piernas en una doble patada dejándolos tendidos en el suelo. Al caer, no se detuvo: rodó sobre su espalda y se impulsó con las manos, lanzándose directo a otro que apenas levantaba una barra de metal. Lo detuvo con una patada al muslo que lo arrodilló, y un rodillazo en la cara lo terminó.
    
    Los hombres, atónitos, retrocedían como ratas en estampida.
    
    —¡Dispárenle! ¡Dispárenle ya! —gritó uno, desesperado.
    
    Tres armas aparecieron al instante. Clara los miró, sin moverse. Una sonrisa lenta se dibujó bajo su ...
    ... máscara.
    
    —¿En serio?
    
    Las balas comenzaron a rugir… pero al tocar su piel, todas rebotaban y Clara soltó una carcajada que sacudió el salón.
    
    —¡¿Eso era todo?! —se burló, avanzando sin apuro.
    
    Y entonces, activó su supervelocidad.
    
    En un parpadeo, desapareció. Solo quedó una estela roja ondeando entre mesas y cuerpos. Los hombres no sabían de dónde venían los golpes. Un arma salió volando. Luego otra. Un tercero intentó apuntar, pero Clara apareció a su lado y le arrancó el cargador con un tirón antes de estrellarlo contra la barra.
    
    —¡¿Dónde está?! —gritaban, disparando al aire.
    
    Pero ya era tarde.
    
    Clara corría como una tormenta entre ellos, sus puños y piernas descargando justicia a una velocidad que no podían procesar. Cada golpe era certero, cada movimiento una danza imparable. Un tipo salió corriendo hacia la salida, pero Clara se adelantó y lo interceptó con una patada voladora que lo mandó de vuelta al suelo.
    
    En segundos, todos los hombres estaban desarmados, inconscientes o demasiado aturdidos para levantarse.
    
    Clara se detuvo en medio del salón, respirando hondo, con el pecho agitado por la adrenalina. El silencio era absoluto, salvo por el zumbido de las luces y algunos gemidos dispersos. Luego, caminó con calma hacia una de las mesas, pisando entre cuerpos vencidos, y soltó con una sonrisa fría:
    
    —Y eso que ni siquiera se pelear… creo que necesito tomar unas clases de defensa personal.
    
    A continuación, Clara corrió al camerino. El hombre de la ...