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Mi Loredana.
Fecha: 22/01/2026, Categorías: Incesto Masturbación Autor: Juan Alberto, Fuente: SexoSinTabues30
... armario y la abrí con extremo cuidado un centímetro más. Sí Loredana mirara en mi dirección, probablemente me descubriría escondido allí, pero eso ya no me importaba nada. Mí lujuria estaba desatada y sin control alguno. Observando escondido en el armario, vi como levantaba sus rodillas y separaba sus delgadas piernas, deslizando sus manos por sus muslos hacia la convergencia de ellas y cerquita de su panocha. Acarició suavemente su monte de Venus limpiamente afeitado y luego con sus dedos separó los labios ligeramente más oscuros de su conchita, pude ver claramente el rosado húmedo del interior de su chocho hinchado, brillante y excitado, mí polla dio un respingo y se me hizo agua la boca. Mi propio pene pareció haber crecido un par de centímetros, gotitas de pre-semen aparecieron sobre mi glande amoratado. Sabía que no podía correrme porque arriesgaba que me atraparan en mi escondite. Pero hubiera sido extremadamente fácil, mi calentura me tenía al borde del clímax. Los ojos de Loredana estaban cerrados, se mordió su labio inferior mientras sus dedos jugaban con su coño y me pareció escucharla murmurar algunas palabras que no logre entender. La vi empujar dos de sus dedos profundamente dentro de su humedal emitiendo un significativo gemido, tuve que apretar mi polla para no correrme y calmarme un poco. Me sorprendió cuando levantó sus caderas de la cama, lanzó jadeos y gemidos afanosos, todo su cuerpo se estremeció. No pensé que se iba a correr tan pronto, ...
... parecía estar muy cerca de su orgasmo. De repente se dio vuelta sobre la cama y se puso boca abajo. Estaba ligeramente girada hacia mí, así que estaba con una vista privilegiada del coño de mi hija, con sus dedos profundamente enterrados en su intimidad, moviendo sus caderas entusiásticamente para follar sus dedos con fuerza, cada vez más y más rápido. La oí jadear, gemir y murmurar para sí misma. Me parecía oler el aroma de su joven sexo. ¡Dios, santo! Yo estaba a punto de acabar. Necesitaba correrme urgentemente, pero no me atreví. Loredana se quejó y gimió mientras continuaba a follar su panocha con sus dedos. Continuó así por algunos minutos, luego cambió de posición. Esta vez se puso de rodillas girada hacia el armario, tenía una almohada entre sus piernas, los dedos de su mano izquierda profundamente enterrados entre sus jugosos labios, mientras su mano derecha aplastaba y pellizcaba sus tetas. Ahora escuchaba nítidamente sus gemidos y vagidos, también podía escuchar sus palabras mientras follaba a toda fuerza su sexo adolescente. Mientras sus caderas enloquecían follándose a sí misma, de sus labios escapaban a gritos la palabra. —¡Papá! … ¡Papá! … ¡Oh, papá! … ¡Hmmmmmm! … ¡Aghhg! … ¡Paapiii! … Chillaba mientras se corría lanzando algunos chorritos de su esencia de mujer hacia el armario. El problema se presentó de inmediato. No pude contenerme ni un segundo más y me corrí con gruesas hebras de nacarado semen. Fui muy ruidoso al hacerlo y ella se dio cuenta de ...