1. Diario de un Consentidor 201 Phobos y Deimos


    Fecha: 23/04/2026, Categorías: Intercambios Autor: Mario, Fuente: TodoRelatos

    ... intensamente.
    
    Phobos se removió hasta quedar patas arriba, Rosalía le acariciaba; desde nuestra posición no podíamos ver dónde, el pecho, tal vez más abajo; se arrodilló y al hacerlo expulsó un abundante chorro cremoso y blanquecino. Es lo que me faltaba por ver. Alonso debió de notar mi desconcierto.
    
    —Los perros producen una gran cantidad de esperma mientras están anudados, ¿lo sabías?, es otra de las cosas que le vuelven loca.
    
    No respondí, la observé atónita hurgarse entre las piernas, retirar el colgajo que aún pendía de la vulva y lo que fluyó detrás, después se restregó la mano por la nalga. No pude evitar un gesto de repugnancia.
    
    —No sabe que estamos aquí —la justificó—, si lo supiera, habría guardado las formas,
    
    Enarqué las cejas, se había morreado con Phobos delante de mí, le ofreció la grupa para que la montara, le había hecho una… ¡paja a un perro, por Dios! y ahora se vaciaba el semen de las entrañas con los dedos, ¿qué formas quedaban por guardar?
    
    Me agarró del brazo con brusquedad.
    
    —A cuántos te has follado desde que estás en Sevilla, ¿eh? No te atrevas a censurarla tú, precisamente tú, una auténtica experta en mantener las apariencias delante de todos, de tus padres, tu hermana, tus cuñados, tu suegro, ¿sigo? Imagínate qué pensarían en la clínica si se enterasen de lo que andas haciendo.
    
    Miré la mano que me había zarandeado y la apartó. Había hecho sentir el peso de una velada amenaza, sabían demasiado de mí y de mi entorno, maldije el ...
    ... momento en el que permití a Diego violar mi intimidad.
    
    «—Eres un misterio, ¿quién eres?
    
    —¿Qué más da? Dentro de unos días ya no estaré y no volverás a verme.
    
    Me suelta bruscamente y se encamina hacia donde he dejado el bolso. —¡No tienes derecho! Me aparta, al segundo intento para quitárselo por poco me voy al suelo, hago una nueva tentativa, me sujeta por la nuca y vuelve a besarme como lo hizo antes, vencida hacia atrás, sujeta por una sola mano que le basta para dominarme. Dejo de luchar y me rindo, le rodeo el cuello y lo olvido todo, que estoy semidesnuda, que pretende desvelar mi identidad, que mi bolso ha caído al suelo, y me aprieta un pecho hasta hacerme gemir. Cuando sabe que estoy domada me aparta, escucho mi jadeo, recoge el bolso y no hago nada, lo abre y no hago nada, busca dentro, da con mi cartera y sigo sin hacer nada.
    
    —Carmen Rojas Bauer, ya decía yo que no eras como Candela. Mira, mira, donde vives, conozco esa zona, ¿sabes que viví en Madrid unos cuantos años? Eso es Somosaguas.
    
    —No es Somosaguas.
    
    —Como si lo fuera; a ver qué tenemos aquí…
    
    Sigue registrando mi cartera y no hago nada por impedirlo. Está violando mi intimidad.
    
    —Doctora Carmen Rojas —me mira con respeto—, Directora de relaciones institucionales. ¿Qué hace una psicóloga trabajando de puta? ¿Tienes una vida secreta que alimentar en tus viajes?
    
    Se guarda la tarjeta en el bolsillo de la camisa. Tiemblo, pero no puedo negar lo que siento: estoy entregada.
    
    —A éste lo ...
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