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Diario de un Consentidor 201 Phobos y Deimos
Fecha: 23/04/2026, Categorías: Intercambios Autor: Mario, Fuente: TodoRelatos
... bar, nos miraba, nuestros ojos se cruzaron y de inmediato nos entendimos. Me distrajo uno de los perros que trataba de subir hociqueando por debajo de la falda, Rosalía notó la tensión y lo detuvo. —¡No, Deimos, no! El can, obediente, se alejó; el otro, el más grande, lamía con ansia la mano de su dueña que le ofrecía girándola para darle acceso a la sensible zona de la muñeca; luego, le acarició la cabeza y con una orden seca lo hizo parar. Entretanto, su marido había preparado las copas, gin tonic para mí, combinado de ron ellos; tomamos asiento en un elegante diván de cuero y él lo hizo en un sillón frente a nosotras, los perros volvieron, Deimos parecía sentir curiosidad por mí, se sentó cerca y me observaba. El otro ocupó un lugar al lado de su ama. —Qué estampa tan hermosa, dos bellas mujeres acompañadas por dos espléndidos machos. —exclamó Alonso y levantó la copa en señal de brindis, su mujer le imitó, yo les seguí—. Por el amor y el sexo sin límites. —Porque se cumplan los deseos que nos han reunido aquí. —añadió ella. Bebimos, Deimos apoyó la enorme cabeza en mis muslos, acabaría manchando de babas la falda; lo acaricié entre los ojos, nada podía hacer por evitarlo. —Son muy juguetones, a algunas personas les impone su estampa, me alegra que a ti te gusten. —Me crié rodeada de perros. —¿Y… jugabas con ellos? —Sí, claro… —respondí ignorando la doble intención que creí apreciar. —Son unos excelentes compañeros, fieles, leales, ...
... brindan amor incondicional, nunca te van a encontrar fea o desmejorada, jamas te traicionan, darían la vida por ti. Es más de lo que la mayoría de los hombres son capaces de ofrecer a una mujer. ¿A que sí, Phobos, darías la vida por tu ama? Phobos, el macho que estaba a su lado sentado sobre los cuartos traseros, levantó las orejas al sentirse interpelado y se incorporó a lamerle la cara, Rosalía lo recibió ofreciéndole la boca para emular un beso; no pude evitar un gesto de disgusto, nunca se lo he permitido a ninguno de mis perros por una simple cuestión de higiene. Me planteé seriamente evitar el contacto físico por mucho que me resultará atractiva. —¿No dejas que tus perros te besen? —Jamás. Discúlpame, pero me parece antihigiénico por muy aseados y vacunados que estén, es algo que no he podido aceptar nunca; me pueden chupar las manos o cualquier otra zona… las piernas o los brazos —maticé rápidamente porque creí ver un brillo malicioso en sus ojos—, pero en la cara nunca, y siempre, siempre me lavo a continuación. —añadí con toda intención. —No te disculpes, aprecio la franqueza, cuanto antes nos conozcamos, mejor. Yo, en cambio, no tengo reparo en que mis niños me besen, por tooodas partes —recalcó con otros pequeños matices, una pausa, una sonrisa, un guiño…—. Los mantenemos sanos y cuidados hasta la obsesión, nuestro veterinario es casi de la familia, a cambio puedo disfrutar de toda la energía que son capaces de compartir con su ama. Nueva mirada, nueva ...