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Diario de un Consentidor 201 Phobos y Deimos
Fecha: 23/04/2026, Categorías: Intercambios Autor: Mario, Fuente: TodoRelatos
... intención, ¿no estaría yendo demasiado lejos en mis suposiciones? —No lo critico, en absoluto, pero comprenderás… Me selló los labios con los dedos. —Que antes de besarte, porque es lo que estoy deseando hacer, debo enguajarme la boca, lavarme las manos, los brazos y pasar tu inspección. —No será necesario llegar a tanto. —sonreí algo tensa. —Ven conmigo, vamos a ponernos cómodas. Me cogió de la mano y subimos por una ancha escalinata, Alonso nos seguía, Phobos y Deimos nos adelantaron. Entramos en una alcoba decorada al estilo del resto de la casa. Sin mediar palabra comenzó a desnudarse, una sugerente mirada bastó para saber lo que quería de mí. Tenía un cuerpo menudo, cuidado, con un grado de voluptuosidad excitante sin ser excesivo, seguí sus pasos y quedamos las dos tan sólo con la lencería; la suya, de encaje negro, apenas cubría un pecho proporcionado a sus medidas, de haber sabido lo que depararía la noche habría escogido algo especial, aunque no parecía defraudada. La diferencia de altura no le causaba reparo, al contrario, a mi lado parecía una niña, eso sí, muy resuelta. Un gesto y una voz de mando detuvo a Deimos que amagaba con olfatearme el pubis. Ven, dijo y la acompañé al baño, tan amplio como mi dormitorio entero, allí se deshizo del sujetador y esperó a ver qué efecto causaba, no podía ser mejor, unos bonitos pechos mayores que los míos, firmes, redondos, con unos pezones claros de aureola rosada como una niña, sonreí encantada, deseaba ...
... besarlos. Rosalía, graduó la temperatura de uno de los grifos del lavabo y se enguajó las zonas que Phobos había lamido: mejillas, boca, cuello, orejas… siguió con brazos y manos. Se aclaró los pechos «para evitar suspicacias», bromeó con malicia, para provocarme, diría yo. Mientras se secaba mirándome mirarla, declaró con fingida seriedad: —Tienes mi palabra: no me ha besado en ninguna otra parte, puedes estar tranquila. Me limité a esbozar una sonrisa, me estaba poniendo adrede en un aprieto. En realidad, no estaba tranquila. —Voy a usar el bidé. —dije con la esperanza de que me concediera un instante de intimidad. —Ni se te ocurra. Quiero saborearte sin aditivos ni perfumes químicos. —Pero… —Habrás orinado, ¿y qué?, mejor para mí. No podíamos ser más parecidas en gustos. Le daría lo que estaba buscando. —Entonces, como vamos a seguir bebiendo tendré que volver a… —Yo también. Oriné sin pudor delante de ella, oriné siendo objeto de su deseo, oriné con las bragas en los tobillos, escuchando el chapoteo del chorro en la taza hasta que se extinguió, me limpié con un trozo de papel, nada más, si quería sabor lo tendría, me subí las bragas con la suficiente parsimonia para excitarla. No, para ponerla cachonda. Luego la miré con absoluto descaro mear bien abierta de piernas exhibiendo un potente caudal dorado mirándome mirarla. —¿Se lo vas a decir? No sé a qué vino hacer esa pregunta. —¿Quieres que se lo cuente? Me encogí de hombros, ...