1. Diario de un Consentidor 201 Phobos y Deimos


    Fecha: 23/04/2026, Categorías: Intercambios Autor: Mario, Fuente: TodoRelatos

    ... detuvo a Deimos, peligrosamente cerca de mis nalgas.
    
    —No estás cómoda.
    
    —Lo siento, con ellos alrededor tocándome con el hocico por todas partes, me rompen el… como te diría…
    
    —Te cortan el rollo. —dijo ella y prorrumpió en una risa juvenil.
    
    —Algo así, no lo puedo evitar, estoy más pendiente de donde van a tocarme que de lo que hacemos.
    
    —Es una lástima porque son parte de la familia, no vamos a excluirlos, te prometo que no harán nada que no desees, pero debes poner de tu parte, relájate, acepta que te husmeen, deberías estar acostumbrada, no hay nada de malo en que te olfateen, te toquen o te laman, ya conoces las órdenes que los detienen, úsalas, aprenderán lo que no te gusta.
    
    —No estás obligada a nada —añadió ella—, lo que no vamos a hacer es ocultarnos.
    
    ¿Qué insinuó?, me encontraba en una situación comprometida; por una parte, su compañía me resultaba agradable, quizás podría acomodarme y actuar como decían. ¿Podría?, estoy acostumbrada a convivir con perros. Por otro lado, si lo que había insinuado se plasmaba en hechos, no seria capaz de presenciarlo y mucho menos participar. Phobos le lamía la muñeca, a Mario le encanta besarme ahí, justamente ahí, despierta terminaciones nerviosas que avanzan imparables por el brazo, el hombro y alcanzan el pecho. Pensé cómo sería sentir la potencia de la lengua de un perro. Levanté la mirada y tropecé con los ojos de Rosalía, me sentí descubierta. Apartó al animal y vino en mi busca, estaba perdida, la deseaba, ...
    ... me tomó entre sus brazos, me besó como sólo una mujer sabe hacerlo, atrapó uno de mis pechos con tanta dulzura que desfallecí, caímos en el amplio chaisse longue, sus labios tan tiernos sabían donde encontrar la fibra sensible, sus dedos buscaron el rincón más profundo con la sabiduría propia de una mujer, me dejé hacer, debería haber correspondido, no pude, estaba rendida, entregada, vencida y ofrecida. Reaccioné, mi cuerpo pedía más, recorrí el camino que lleva desde una boca jugosa a unos pechos hermosos, los mordisqueé, me sumergí en ellos como si fueran almohadones tibios, bajé por su cuerpo dejando un rastro de besos húmedos hasta llegar al bosque lleno de aromas, me acaricié el rostro en su suave tacto, aspiré profundamente y busqué la entrada al lugar deseado, cálido, mojado, embriagador, bebí hasta saciarme, recorrí cada rincón, exploré sendas y grutas, alcancé el pico agudo y lo escalé con la lengua provocando placeres insoportables, sentí la húmeda voracidad de uno de los pointer en la planta del pie y la dulce voz de mi amante pidiéndome calma y cedí, cedí a las mil sensaciones que me atropellaban, a la furia que no se saciaba, que no perdía ni un sólo rincón de mi pie, de la planta, el tobillo, el empeine, los dedos. ¡Oh, Dios, Dios!
    
    Exploté, por ella o por él, exploté estirando los dedos dejando resquicios para que la lengua potente entrara donde nada ni nadie había logrado entrar.
    
    …..
    
    —No te aflijas, lo que ha pasado es natural. Si apartas la carga ...
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