1. El círculo. Cap.36. El poder es una herida abierta


    Fecha: 15/05/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Ixchel Diaz M, Fuente: TodoRelatos

    ... rompa la espalda.
    
    El mesero llegó con los platos. Pescado al vapor, verduras asadas. Nadie comió. Era solo parte de la escenografía del poder.
    
    La ciudad, mientras tanto, seguía girando. Y en el corazón del régimen, dos mujeres tejían a ciegas la última red de contención. Antes de que todo se viniera abajo. O antes de que todo empezara de nuevo.
    
    __
    
    La oficina estaba en penumbra, iluminada solo por la luz tenue que entraba desde el pasillo y por la pantalla suspendida en una esquina, donde los dashboards de datos seguían cambiando en silencio, como si el algoritmo no durmiera nunca. En las paredes, una gran pizarra blanca estaba cubierta de palabras, flechas, círculos en rojo, subrayados dobles: nombres, colonias, códigos postales, referencias internas, frases clave. No había adorno, ni una planta, ni una foto. Solo estrategia. Solo guerra.
    
    Valeria estaba sola. Sentada primero. Luego de pie, frente al espejo de cuerpo completo que había pedido instalar a un lado del clóset. Vestía un pantalón negro de pinza, desabrochado en la parte superior, y sostenía en las manos una blusa blanca de seda, apenas traslúcida. Se la llevó al cuerpo. Luego se la puso.
    
    El tejido caía con elegancia sobre su piel. El escote era mínimo, pero delicado. Su cuello largo, los hombros rectos, las clavículas que sobresalían con la tensión justa. Su vientre, aún plano, mostraba una ligera curva, apenas visible si se miraba de cerca. No intentaba ocultarlo. No había pretensión de ...
    ... negación.
    
    Era hermosa, pero no en el sentido dulce. Lo suyo era más limpio, más clínico: piel sin marcas, sin lunares, ojos grandes y oscuros, labios bien definidos, las uñas cuidadas sin esmalte. Todo medido. Todo funcional. Incluso su belleza parecía obedecer un plan.
    
    Giró ligeramente frente al espejo, tocando con la yema de los dedos el borde del vientre. No era caricia, era cálculo. Como quien traza una línea futura.
    
    Caminó descalza hasta el escritorio de madera clara. Lo abrió con lentitud. Dentro, todo estaba perfectamente alineado: bolígrafos en paralelo, blocs numerados, carpetas etiquetadas. Pero en el último cajón, bajo un folder negro sin nombre, había un sobre blanco, sellado con una tira de masking tape. Lo abrió sin prisa. Dentro, una hoja doblada en tres.
    
    La desplegó. Era una impresión de una ecografía. Blanco y negro. Pequeña. Apenas una mancha con una forma redonda, indefinida, como un pensamiento que comienza a tomar cuerpo.
    
    La sostuvo frente a la lámpara. La miró por un largo rato, sin emoción aparente. Luego la bajó. Se sentó sobre el sillón de respaldo recto, cruzó las piernas lentamente, con la blusa abierta a la altura del abdomen, la ecografía sobre la palma.
    
    Su otra mano volvió al vientre. Esta vez con más decisión. Y entonces murmuró, con voz seca, apenas audible:
    
    —Este sí va a tener poder desde que nace.
    
    Las palabras no eran dulces. No eran promesa ni anhelo. Eran sentencia. Una declaración sin temblor. Porque Valeria no pensaba en ...
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