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Carita de ángel. Capítulo 1
Fecha: 12/06/2026, Categorías: Fantasías Eróticas Autor: cristinar, Fuente: RelatosEróticos
... Ramiro se quedó durante un rato de mero espectador. Rubén me quitó la bombacha. —Estás empapada, putita —me dijo, hundiendo el dedo en mi sexo. Ramiro parecía indignado, y esa indignación no iba dirigida a su amigo que estaba a punto de cogerse a la mujer que le gustaba, sino a mí. Rubén se quitó los pantalones y se puso el preservativo con una habilidad que solo se la había visto a tío Eduardo. Tenía una linda pija, petisa pero gruesa. Me la ensartó y se quedó inmóvil durante unos segundos. —¿Te gusta esto? —preguntó. Me agarró del mentón y me hizo mirarlo a los ojos—. ¿Te gusta mi pija? —Asentí con la cabeza. Él empezó a mover las caderas. Su verga se hundió casi por completo—. Decilo —dijo. No era muy original la verdad. A casi todos los hombres les gustaba decirme putita, y se volvían locos cuando les decía lo mucho que me gustaba sus vergas. Como premio solía ganarme que me dijeran putita de nuevo, o putita hermosa, o putita divina. —Si. Me gusta. Me gusta tu pija —dije. Miré a Ramiro. Pensé que su humillación había llegado a su límite. Rubén giró e hizo un gesto, como invitándolo a compartir el palto que se estaba devorando. Y entonces empezó a hacer movimientos pélvicos, lentos, pero contundentes, con los que hundía su pija tanto que sentía sus testículos peludos chocando contra mí. Sí, me gustaba esa pija. Me gustaba cómo me cogía ese veterano. Era experimentado y sabía usarla, marcando el ritmo adecuado. Y a él le gustaba cogerme. Estaba casado, ...
... veía el anillo en su dedo, y probablemente tenía en su casa a una cuarentona con sobrepeso. Y ahora se estaba comiendo a un caramelito que aparentaba veintipocos. Y todo caído del cielo gracias a su amigo. Esas cosas no pasaban todos los días. Entonces veo que Ramiro se sube a la cama. Está desnudo. Arrima su pija a mi boca. Es una pija larga y olorosa. Lo miro. Tenía la decepción pintada en la cara, pero eso no le iba a impedir desahogar su calentura. Pobre Ramiro, quién sabe qué fantasías se había hecho conmigo. Los hombres tendían a idealizarme. Pero mi carita de ángel era engañosa. En el fondo podía ser perversa. Y lo que le estaba haciendo a él no era nada en comparación a lo que le había hecho a otros hombres, a quienes les destrocé el corazón sin que se lo merecieran. Recibí la verga. El sabor dulce y ácido era muy intenso. El presemen ya estaba saliendo. Estaba transpirado y pegoteado. Agarré la base del tronco para ayudarme a chuparla. Pero Ramiro hundió su lanza con violencia, hasta que el glande tocó mi garganta. Golpeé su pierna, para que me liberara. Pero dejó su pija adentro durante algunos segundos largos hasta que la retiró. Tosí y escupí. Mis ojos lagrimeaban. Lo miré, suplicante, mientras el otro no dejaba de cogerme y de recordarme lo puta que era. —Despacio —dije, y en mi tono de voz había una promesa: que si me dejaba hacerlo a mi manera le haría ver las estrellas. Ramiro arrimó su falo de nuevo. Esta vez esperó a que yo me lo metiera en la boca. ...