-
Fiebre de juventud
Fecha: 14/07/2026, Categorías: Incesto Autor: Shrink2b, Fuente: TodoRelatos
... instantáneo entre las piernas. Bajó la mirada, ruborizada, y asintió con un movimiento casi imperceptible de la cabeza antes de escabullirse hacia el baño, sintiendo cómo sus ojos la quemaban hasta que la puerta se cerró. En el desayuno, la nueva dinámica se hizo palpable. Inés se movía con una torpeza elegante, evitando mirar a Iván directamente, pero cuando lo hacía, había una sumisión nueva en sus ojos. Le sirvió el café sin que él lo pidiera, con una atención meticulosa que nunca antes había tenido. Sus dedos temblaron ligeramente cuando los suyos rozaron los de él al pasar la taza. Ya no era la madre sirviendo al hijo; era una mujer atendiendo a su hombre, reconociendo en cada gesto silencioso la autoridad que él había reclamado y tomado la noche anterior. Apenas María salió de la casa para sus clases, la tensión acumulada estalló. Iván no esperó ni un segundo. Empujó a Inés contra la pared de la sala de estar, su búsqueda fue brutal y directa. No hubo preámbulos, solo la urgencia animal de reafirmar su posesión. La folló allí mismo, sobre el sofá de terciopelo, con una intensidad que la dejó jadeante, exhausta y con la falda aún subida cuando él se retiró de ella. Se quedó dormida casi al instante, llevada a su alcoba por él, consumida por el placer y el agotamiento. Cuando María regresó horas después, la casa estaba en un silencio engañoso. Encontró a su madre profundamente dormida en su habitación. En la sala, Iván, con un short de gym que dejaba poco a la ...
... imaginación y una camiseta ajustada que delineaba cada músculo, veía la televisión con aparente normalidad. Al ver pasar a María, su mirada se encendió. —Ven acá —dijo, no como una invitación, sino como una orden suave pero irrevocable. Ella titubeó, pero la resistencia de antes se había esfumado, reemplazada por una curiosidad ardiente y una sumisión latente. Él la jaló hacia sí y, con una facilidad pasmosa, la sentó sobre sus piernas. María no se quejó. Se dejó acomodar, sintiendo al instante, a través de la fina tela de su short, la dura prominencia que comenzaba a crecer bajo ella. Iván no hizo mayor movimiento; solo pasó un brazo alrededor de su cintura y, con la otra mano, comenzó a acariciar suavemente sus piernas desnudas. Su palma subía, subía, hasta rozar el borde interior de su short, mientras con disimulo, la movía casi imperceptiblemente sobre su erección. María, con el rostro en llamas, contuvo la respiración. Cada pequeño movimiento era una chispa que le recorría el vientre. Se estaba humedeciendo, y él podía sentirlo. —Iván… necesito hablar contigo —la voz de Inés, tensa y cargada de una preocupación que olía a celos, cortó el momento. Había presenciado la escena desde la sombra del pasillo, y el espectáculo de su hija meciéndose sobre la verga de su hermano le había hecho hervir la sangre. María se levantó de un salto, como una niña pillada en falta, su rubor mezclándose con una frustración intensa por haber sido interrumpida justo cuando una ola de ...