1. Fiebre de juventud


    Fecha: 14/07/2026, Categorías: Incesto Autor: Shrink2b, Fuente: TodoRelatos

    ... placer comenzaba a crecer dentro de ella.
    
    Inés se acercó, tratando de imponer una autoridad que ya se le había quebrado.
    
    —A tu hermana no debes tratarla así —dijo, pero su voz sonaba falsa, guiada por el rencor posesivo y no por la moral.
    
    Iván la miró. No dijo una palabra. Su mirada fue suficiente para desnudarla y someterla de nuevo. La agarró del brazo y la jaló hacia el sofá donde minutos antes tenía a María.
    
    —Iván, no, ¡basta! —protestó ella débilmente, pero su cuerpo ya respondía al contacto brusco.
    
    Él la giró, la inclinó sobre el brazo del sofá y, sin miramientos, le bajó el short y la tanga. No hubo lubricante, solo la humedad de su excitación celosa. Y entonces se la introdujo por detrás, por el culo, con una embestida que le arrancó un grito ahogado de dolor y shock. Era un acto de dominio total, una brutal reafirmación de que no había límites, que no había reglas, que él era el único dueño de ambas. La folló así, salvajemente, hasta que sus quejidos de dolor se transformaron en gemidos de un placer culposo y profundo, hasta que ella volvió a claudicar, derrotada y poseída en su totalidad.
    
    Al terminar, él se levantó, se ajustó la ropa y le dio una palmada en la nalga.
    
    —Ve a bañarte —ordenó, con la voz ronca por el esfuerzo.
    
    Inés, temblorosa y marcada, obedeció sin rechistar.
    
    Iván entonces se dirigió a la habitación de María. Llamó a la puerta con los nudillos y asomó la cabeza. Ella estaba sentada en la cama, aún perturbada y excitada por ...
    ... lo ocurrido en la sala. —Ponte guapa —le dijo, su tono no dejaba lugar a dudas—. Esta noche saldremos tú y yo a cenar.
    
    María fue un mar de nervios. Dos horas más tarde, sin embargo, bajaba las escaleras luciendo un vestido que destacaba su belleza dulce pero con un toque de sensualidad que nunca antes se había atrevido a mostrar. Iván la esperaba al pie de las escaleras. La miró de arriba abajo, con aprobación lujuriosa en los ojos, y le tomó la mano con una firmeza que sellaba su destino. La guió hacia el auto, y mientras arrancaban, María supo, con el corazón acelerado y un nudo de anticipación en el estómago, que esa cena no sería para comer, sino para ser devorada.
    
    El rugido del motor del auto era el único sonido que competía con el latido acelerado del corazón de María. Iba a su lado, en el asiento del copiloto, con las manos entrelazadas sobre el regazo, tratando de disimular su temblor. No podía dejar de mirarlo de reojo. Iván conducía con una mano, el brazo izquierdo descansando en la ventanilla abierta, emanando una confianza tan densa que casi se podía tocar. Esa tarde, mientras su madre yacía exhausta y sumisa en la casa, él había ejecutado el movimiento final. Con el celular de Inés, aún desbloqueado y caliente por su uso, había transferido a su propia cuenta los siete millones y medio de pesos restantes de la herencia de su padre. El dinero, como las mujeres, ahora le pertenecía. Él era el rey, y aquel auto era su carruaje real rumbo a la coronación de su ...
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