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Fiebre de juventud
Fecha: 14/07/2026, Categorías: Incesto Autor: Shrink2b, Fuente: TodoRelatos
... reina. Iván lanzó una mirada lateral hacia María. La luz del atardecer doraba su perfil suave, acentuando su inocencia, una inocencia que él estaba a punto de quebrar para siempre. Mentalmente, ya la saboreaba. Inés era suya para saciar sus impulsos más oscuros, para dominar y poseer en la sombra. Pero María… María era diferente. Ella merecía ser exhibida, admirada, envidiada. Sería su esposa en todo menos en el nombre legal. La idea de que ella llevara su marca, de que le diera herederos, encendió una brasa de posesión absoluta en su pecho. «Tú vas a darme dos o tres hijos...», pensó, y la certeza de ese futuro lo llenó de una satisfacción primitiva. Al llegar al restaurante, María contuvo el aliento. No era solo exclusivo; era un lugar de luz tenue, mesas separadas por cortinas de seda y un silencio que invitaba a los secretos. Era íntimo, demasiado íntimo para ser una cena entre hermanos. Iván pidió una botella de vino tinto fino, carísimo, y llenó la copa de María una y otra vez con una sonrisa tranquilizadora. —Solo es una copa, relájate —mintió, sabiendo perfectamente que su hermana casi no bebía. La embriagó justo lo necesario. Lo suficiente para que sus inhibiciones se difuminaran, para que sus mejillas se sonrosaran y sus ojos brillaran con una languidez vulnerable. Justo antes de que el camarero trajera la cuenta, Iván hizo su jugada. No se arrodilló. No fue una petición. Con una calma aterradora, sacó una pequeña caja de terciopelo negro de su ...
... bolsillo. —Dame tu mano —dijo, su voz era una orden suave pero irrevocable. María, aturdida por el vino y la situación, extendió la mano temblorosa. Él abrió la caja. Dentro, un anillo de compromiso solitario, con un diamante que capturaba toda la luz de la sala y la devolvía en un millón de destellos. Ante su mirada de incredulidad y confusión, Iván tomó su dedo anular izquierdo y deslizó la joya fría hasta la base. —Iván, ¿qué es esto? —susurró ella, su voz quebrada por una emoción que no podía definir. —Es lo que mereces —respondió él, sin soltarle la mano. Su mirada era intensa, devoradora—. Es lo que va a pasar. Y entonces sucedió. Se inclinó sobre la mesa, atravesando el centro de rosas que los separaba. Su acercamiento no fue brusco; fue deliberado, lento, dando tiempo a que ella viera venir sus labios. El primer contacto fue de una ternura devastadora. Sus labios fueron suaves, apenas un roce, un pregunta silenciosa. María se paralizó, sintiendo el sabor a vino tinto y a hombre en su boca. Su mente gritaba, pero su cuerpo, caliente y entumecido por el alcohol y la extraña sumisión que le había invadido, no se movió. Iván profundizó el beso. La ternura inicial se transformó en una demanda de fuego lento. Su lengua buscó la entrada de su boca y la encontró entreabierta, permitiéndole el acceso. Un gemido ahogado escapó de la garganta de María. Ya no era ternura; era deseo puro, crudo, un sello de propiedad que le quemaba los labios y le robaba el aliento. ...