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Fiebre de juventud
Fecha: 14/07/2026, Categorías: Incesto Autor: Shrink2b, Fuente: TodoRelatos
... Cuando se separaron, ella jadeaba, con los ojos vidriosos y el anillo reluciendo en su mano como una marca de fuego. —Vámonos —ordenó Iván, dejando unos billetes sobre la mesa sin siquiera mirar la cuenta. La guio del brazo, no de la mano, fuera del restaurante. Su agarre era firme, posesivo. No iban a casa. Iván condujo hasta un hotel de lujo en la zona más exclusiva de la ciudad. María lo siguió en un estado de shock, el vestido pegado a su cuerpo por un sudor nervioso, el anillo pesando en su dedo como un grillete de diamantes. La suite era enorme, con una cama king size dominando la habitación y una bañera de hidromasaje en un rincón. La puerta se cerró con un clic siniestro. Iván se volvió hacia ella. La electricidad en la habitación era palpable. —Es hora —dijo, su voz ronca. María intentó retroceder, pero chocó contra la puerta. El miedo le nubló la vista. —Iván, por favor… no sé… no estoy… —Shhh —él se acercó, despacio, como un depredador seguro de su presa—. Confía en mí. Eres mía ahora. Esto ya estaba escrito. La besó de nuevo, pero esta vez no había ternura. Era un beso de conquista. Sus manos recorrieron su cuerpo, desabrochando el vestido con una habilidad aterradora. La tela cayó a sus pies, dejándola en ropa interior. María lloraba en silencio, lágrimas de miedo, confusión y una excitación traicionera que la horrorizaba. —Por favor… —suplicó, pero era un susurro débil. Iván la llevó hasta la cama. La tumbó sobre las sábanas frías de ...
... satén. Le quitó la ropa interior con movimientos precisos. Él se desvistió frente a ella, y María contuvo el aliento al ver su cuerpo musculoso, y sobre todo, su miembro completamente erecto, imponente y amenazante. —Duele… he oído que duele mucho —lloriqueó, encogiéndose. —Sí —admitió él, sin endulzarlo—. Dolerá. Pero solo al principio. Luego, me pedirás más. Se posó entre sus piernas. María cerró los ojos con fuerza, apretando las sábanas con los puños. Sintió la punta dura y caliente presionando su entrada virgen. —¡Iván! —gritó, en un último intento de resistencia. Pero fue inútil. Él empujó, firme y sin vacilar, desgarrando el himen en un acto de posesión total. Un grito agudo y desgarrador de dolor escapó de los labios de María. La sensación de ser partida en dos fue insoportable. Lloró con desesperación, sintiendo cómo su cuerpo era violado, invadido, marcado para siempre. —Shhh, ya pasó —murmuró él en su oído, pero no se detuvo—. Lo peor ya pasó, hermanita. Comenzó a moverse dentro de ella, con embestidas lentas y profundas que le arrancaban gemidos entrecortados de dolor. Poco a poco, muy poco a poco, la quemazón inicial comenzó a ceder, transformándose en una sensación extraña, llena, que comenzaba a generar un cosquilleo eléctrico en su interior. El dolor no desapareció, pero se mezcló con algo más. —Oh, Dios… —susurró, sorprendida. Iván sonrió, sintiendo cómo su cuerpo se adaptaba a él, cómo se humedecía para recibirlo. —¿Lo ves? —jadeó—. ...