1. El círculo. Cap.32. La elección por el escaño


    Fecha: 23/08/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Ixchel Diaz M, Fuente: TodoRelatos

    ... sobresaltó. No hubo sorpresa. Solo un suspiro que se escapó de ella, como si lo hubiera estado esperando toda la mañana sin querer aceptarlo.
    
    —¿Vas a votar hoy? —le susurró él, rozando la piel con sus labios, las manos rodeando su cintura.
    
    Ella cerró los ojos. Le temblaban los dedos sobre el café.
    
    —No lo sé... —respondió, con voz entrecortada, sintiendo cómo el cuerpo se le convertía en otra cosa.
    
    Él le acariciaba los senos por encima de la blusa, firme, seguro, sabiendo ya los caminos. Isabella apoyó la cabeza contra su hombro. La respiración se le aceleraba. No entendía cómo podía excitarse tan rápido con él, tan naturalmente. Pero le pasaba. Siempre.
    
    —Quiero hacer lo que platicamos... —dijo ella, bajito, casi como una confesión.
    
    Darío no preguntó a qué se refería. No hizo falta. Solo la tomó de la mano con una delicadeza feroz y la guió de pie, con el control del televisor aún encendido, la imagen de Serrano congelada en pantalla.
    
    La recargó en el respaldo del sillón, frente a la televisión. El sol se filtraba por las cortinas blancas. Todo tenía un tono dorado, como una pintura antigua.
    
    Ella se dejó llevar. Abrió las manos. Cerró los ojos. Darío desabotonó su pantalón con calma, dejó caer la prenda al suelo y bajó una delicada tanga color piel a medio muslo.
    
    —¿Estás segura Isa?— preguntó él mientras embadurnó con su propia saliva la para exterior de su esfínter.
    
    Isabella solo asintió con la cabeza. Cuando él la penetró, sin prisa pero ...
    ... sin calma, fue como si el cuerpo se le partiera en dos. Sintió un estremecimiento profundo, animal, que la sorprendió. Lo sintió todo. Intensamente. Cada centímetro. Cada pulso. Cada tensión contenida que se liberaba en un solo movimiento, lento, decidido.
    
    Por un segundo, Isabella pensó en Damián, en la voz modulada que la había envuelto tantos años. Y en ese instante comprendió que ya no volvería a obedecerla.
    
    La pantalla frente a ella mostraba la imagen de César, sonriendo a las cámaras, con un fondo de palmeras elegantes. Isabella lo miró de reojo, entre jadeos, con una extraña sensación de distancia y reconocimiento. Como si viera no a un hombre, sino a la representación perfecta de todo lo que había querido dejar atrás.
    
    La sonrisa de César en la televisión le pareció ahora una máscara hueca. En cambio, el cuerpo de Darío detrás de ella era la única verdad que podía tocar.
    
    Sintió una sacudida inesperada. No solo física. Algo más profundo. Como si algo dentro de ella —dormido por años— se rompiera en mil pedazos y a la vez se reconstruyera en otro idioma.
    
    No gritó. No habló. Solo se quedó quieta, temblando, mientras su cuerpo aprendía una nueva forma de sentir, y su mente aceptaba lo que ya era inevitable. No supo distinguir, pero Darío se vació en su recto mientras acariciaba sus caderas.
    
    Cuando él se apartó, la rodeó con los brazos, la besó en la espalda. Ninguno dijo nada por varios segundos. Solo se oía el noticiero de fondo y el latido acelerado de ...
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