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Un inolvidable fin de semana
Fecha: 24/09/2026, Categorías: Erotismo y Amor Autor: suspense, Fuente: CuentoRelatos
... riendas de la penetración y cabalgándome como una experta amazona. Así nos pasamos un buen rato, tú me llevabas al extremo en que estaba a punto de eyacular y luego te parabas y me impedías terminar, para continuar nuevamente, un dulce martirio. Cuando tú ya estabas a punto de volver a correrte, aceleraste el ritmo de nuestra penetración, me cabalgabas como si fueras al galope tendido por una pradera. —¡Ohh Dios!, ¡Ohh Dios!, ¡qué placer!, ¡me voy a correr, vente conmigo, intentemos llegar los dos a la vez, mi vida! Ohhh —¡Sí cielo, los dos a la vez, yo también me voy a correr!, ¡ufff, Diosss! Siii. Y así como dos animales en celo, locos de pasión y lujuria llegamos al orgasmo los dos a un tiempo, y como dos cuerpos desmadejados, pero unidos, nos dejamos desfallecer sobre la arena mojada. Decidimos reponer fuerzas y para ello almorzamos unos sándwiches que habías preparado para almorzar con unas cervecitas frías, había hambre. Después de hacer el amor siempre me entran ganas de comer, jajaja. Dijiste con esa hermosa sonrisa tuya. Tras el almuerzo paseamos un rato, siempre viene bien para hacer la digestión, y así, durante casi dos horas, pasamos el rato caminando y charlando de trivialidades. Volvimos a la playa. —Vamos al agua, me apetece un chapuzón. Nadamos y jugamos durante un rato en las aguas de aquel mar Cantábrico que tanto añoro. Yo fui el primero en salir, me tumbé sobre la arena y me dediqué a ver las tonterías que hacías en el ...
... agua. A los pocos minutos salías del mar, como si de una sirena se tratase, hermosa, altiva, serena. Me besaste, sabías a mar. Nuestros cuerpos rodaron por la playa, rebozándonos en la arena, pero sin separar un milímetro nuestros labios. Y todo comenzó de nuevo, los juegos, las caricias, la pasión, la entrega absoluta. Tus pechos bailaban siguiendo un ritmo acompasado, tus caderas se movían como si hubieran sido creadas sólo para hacer el amor, tu sexo me inundaba, me exprimía, mi pene era absorbido por tu vagina, oprimido contra las paredes de tu sexo, rozando sus paredes en un acompasado balanceo. Penetraciones largas, profundas y cálidas, gemidos, lamentos, susurros. Así se nos pasó la tarde. Tuvimos que volver al pueblo, era tarde ya. Decidimos vernos después de la cena en la terraza junto al Ayuntamiento. A las 23 h coincidimos en el lugar acordado, yo iba con mis primos y algunos de sus amigos, tú llegaste con algunas de tus amigas, todos nos sentamos juntos y disfrutamos de la noche entre charlas y copas. —Mañana me voy. —Te dije en un aparte. —Vámonos de aquí, escapémonos al espigón. ¡Tu sonrisa, siempre tu hermosa sonrisa y esa forma tuya de apartarte los rizos de la cara! Nos escabullimos del grupo, no se dieron ni cuenta o eso nos pareció, tampoco nos preocupaba. Agarrados de la cintura atravesamos el puerto en dirección al espigón, allí, abrazados contemplamos las estrellas y las olas que rompían embravecidas contra las rocas. Nuestras bocas ...