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Enfadado con mi madre, hicimos las paces follando
Fecha: 08/11/2026, Categorías: Incesto Autor: Juan, Fuente: TodoRelatos
... cara se había transformado, estaba asalvajada, gritando, suspirando. Cogió mi polla con su mano, acelerando mis movimientos. Acabamos a la vez sin dejar de agitarse y cuando conseguí sacarla, la tenía dolorida. —¡Qué bruta eres! —Me gusta el sexo, tendrás que acostumbrarte. —Tenemos días por delante, mami. No querrás matarme a polvos. Sonrió. Me dio un beso. —Me has despertado el apetito. Te daré bien de comer para que tu juventud se reafirme. Hablamos de que hacer esa mañana y decidimos realizar planes por separado. —Esta mañana voy a la playa con las chicas. Han reservado hamacas en Las Marinas. ¿Y tú? —me preguntó con esa indiferencia de quién no ha matado una mosca. —He quedado con los chicos de anoche del club. —¡Cuidado con esa Luisa! Si quieres que mantengamos nuestro estatus, quiero tu polla en exclusiva. Por eso despedí a Lucas, no le parecí suficiente. —Prometido. No necesito nadie más —me despedí con una sonrisa. Nos separamos por unas horas. Cada uno en su mundo. Yo con mis amigos, ella con los suyos. Pero la tenía en la cabeza como una música de fondo persistente. Imaginaba sus piernas mojadas, su risa libre, la forma en que se colocaría las gafas de sol al mirar al mar. Y me ardían las manos por no estar allí. Volví a casa sobre las seis. Estaba duchándome cuando escuché su voz desde el otro lado de la puerta: —¿Javier? Se me ha ocurrido una idea... Salí del baño con la toalla en la cintura. Ella estaba de pie en el ...
... pasillo, con la piel dorada del sol y un enorme pañuelo veraniego que utilizaba de pareo atado al cuello. —¿Qué te parece si esta noche salimos en barco? Podríamos alejarnos un poco, ver Denia desde el mar… Ya sabes que tu padre salía a pescar de noche y alguna vez le acompañé. Puedo preparar algo ligero de cenar, llevar unas velas y.... Su propuesta venía cargada de una dulzura que desarmaba. No era solo el plan, era lo que no decía: la necesidad de intimidad, de seguir acercándonos, de generar ilusión. Nos miramos solo un instante en el que revivimos la pasión de la noche anterior. —¿A qué hora zarpamos, capitana? Ella sonrió con ese brillo tan suyo. —A las nueve. Quiero ver el puerto alejarse al atardecer, con una copa de vino en la mano. Ella apareció con un vestido largo veraniego, de seda azul noche que se ceñía al cuerpo. El pelo suelto, algo ondulado por la sal y el viento y unos pendientes de nácar que le daban un aire de actriz italiana de los años setenta. —Estás preciosa —le dije con la voz alterada por el impacto. —Hoy quiero que disfrutemos de una noche de película Zarpamos a las nueve en punto, con la pasarela iluminada con pequeñas luces solares. Apenas nos alejamos del muelle, el barco comenzó a mecerse con suavidad. El perfil de la costa encendida quedaba atrás, en una noche cálida y sin viento que obligaba a usar la navegación a motor. Cuando fondee, ella ya había puesto la mesa, cubierta con un mantel blanco sujeto por conchas, ...