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Enfadado con mi madre, hicimos las paces follando
Fecha: 08/11/2026, Categorías: Incesto Autor: Juan, Fuente: TodoRelatos
... dos copas, una cubitera con vino blanco. Las velas temblaban sobre la mesa y cada gesto de ella tenía algo de ritual: cómo se recogía el cabello, cómo servía el vino, cómo sostenía la mirada sin dejar de mirarnos. La conversación fluyó con total naturalidad. Compartimos historias personales, descubriendo detalles el uno sobre el otro que por la distancia no habíamos conocido. Su risa abierta, dejaba a la vista una dentadura blanca que invitaba a probarla. Comimos despacio para alargar el momento. Cuando finalizamos, cogimos las copas y nos dirigimos a la cubierta, donde nos sentamos mirando al horizonte. Durante unos instantes, pareció que el universo silenció nuestras palabras. Su mirada permanecía fija en la mía y sentí como si ambos esperáramos que el otro rompiera el silencio. Finalmente, habló con total sinceridad. —No quiero complicarte la vida, ni la mía —continuó, queriendo dejar claro lo que teníamos—. Por mi parte, me encuentro en un punto en el que puedo permitirme explorar nuevas sensaciones sin miedo de remordimientos. Asentí lentamente, tratando de procesar su confesión. —A mí también me apetece seguir explorando contigo el mundo de los sentidos. Al fin y al cabo, somos adultos, ¿no? Sonrió satisfecha, antes de inclinarse hacia adelante, dejando la copa sobre una maroma de cuerda. —Pero debemos mantenerlo completamente en secreto. Ni mis amigas ni los tuyos, nadie más, debe enterarse. Ni Martita cuando venga. —Será nuestro secreto ...
... —respondí eufórico. Su mirada sonrió de esa manera que anunciaba actividad. Se alzó, se desató el vestido con lentitud y lo dejó caer sin violencia. El cuerpo que apareció bajo la tela era real. No tenía nada que demostrar. Su conjunto de ropa interior era de escándalo. —Estás muy sexy. —Me gusta mostrarme sexy. Y sorprender. Yo también me desnudé en silencio. Ya desnudos los dos, con nuestros cuerpos casi tocándose, iniciamos un desnudo mucho más profundo. Sentíamos la necesidad de ponerle palabras a lo que flotaba entre los dos. —¿Sabes? —dijo de pronto sin mirarme—. No me siento mal con el recuerdo de tu padre, ni me siento infiel a su memoria. Asentí, dejando que sus palabras se aposaran, mientras acariciaba ligeramente sus pechos. —Yo también he pensado mucho en mi padre estos días —le dije—. No sé qué pensaría si pudiera vernos ahora, pero él quería que fueras feliz... Ella sonrió, pasando levemente su mano por mi polla, pero con un nudo en los ojos. —Tu padre me cuidó, me quiso y me respetó. Pero esto… esto es distinto. Pero no imaginé que algún día podría sentirme así... contigo. Y sí, me siento feliz. Pero soy consciente de que esto durará mientras queramos los dos y después volveremos a nuestro papel de madre e hijo. Me incliné hacia ella, le di un beso y hablé con toda la sinceridad que pude reunir. —Esto es lo más increíble que me ha pasado y no quiero que lo echemos a perder preguntándonos qué nombre tiene esto. Ella soltó una ...