1. Enfadado con mi madre, hicimos las paces follando


    Fecha: 08/11/2026, Categorías: Incesto Autor: Juan, Fuente: TodoRelatos

    ... traviesa.
    
    —¿Te da miedo?
    
    Parecía una sirena rodeada de un anillo de plata producido por el reflejo de la luna en el agua. Bajé al agua y me abracé a ella. Al principio solo nadamos alrededor del barco. Ella me rozaba como sin querer. Luego nos quedamos quietos, flotando frente a frente, con la luna encima y el silencio entre los dos. Entonces ella me tocó la cara, muy despacio, como quien acaricia un secreto. Me besó primero en los labios, luego en la frente.
    
    —¿Te ha gustado jugar con mi culo?
    
    Me sorprendió su pregunta.
    
    —Me ha...encantado, nunca he probado uno.
    
    —¿Te gustaría estrenarte esta noche?
    
    Mi cara debió reflejar mi excitación.
    
    —¿Te refieres a ....?
    
    —¿Por qué no subimos? Quiero que no olvides esta noche en tu vida.
    
    Subimos a bordo, secándonos apenas, temblando de emoción y sal. Bajó al salón y volvió con una terrina de margarina que llevaba varios días abierta. Extendimos las toallas sobre la cubierta. Ella se recostó boca arriba, mirándome con los ojos abiertos, rendida. Me invitó a atraerla hacia mí y la besé.
    
    —Ante todo, relájate. Tenemos que jugar primero, necesito estar excitada para que dilate.
    
    Comencé a acariciarla y a recorrer todo su cuerpo eliminando la sal de su piel con mi lengua. Abrió sus piernas y entré a bucear en su gruta, se giró y me ofreció su culito, poniéndose de rodillas y apoyando su cabeza sobre una de los rollos de cuerda sobre la que colocó una toalla. Acercó la mantequilla y la extendió por mi ...
    ... polla.
    
    —Pon un poquito en mi culito cariño.
    
    Nervioso ante mi gran ocasión, unté mis dedos en la margarina y con sumo cuidado comencé a introducir, primero un dedo y al ver que entraba tan fácilmente, uní otro dedo. Acariciaba sus nalgas y metía los dedos un poco más, provocándole murmullos de placer. Comencé a hacer pequeños círculos sincronizados sin apenas presión, solo rozando el perímetro de su ano hasta que noté que se abría un poquito.
    
    —¿Por qué no usas la otra mano? —recriminó.
    
    Entendí el mensaje y me abrazó completamente a ella, adelantando la otra mano a su clítoris.
    
    —Así, así, sigue. Tienes que trabajarme cariño.
    
    —Parece que sabes bien lo que haces.
    
    —Lucas me perforó el culo y acabé disfrutando. Estoy deseando que me lo rompas tú.
    
    El lenguaje tan natural de mi madre, sin sombra de vergüenza, me dio alas para acelerar el proceso. Cogí más margarina, me embadurné más el pene y llevé la punta del glande a su entrada anal.
    
    —Es increíble follarte el culo mami.
    
    —Ve despacio pero atraviésame.
    
    Arrodillada sobre la cubierta del barco, ofreciéndome su culo en todo su esplendor, facilité mi empuje, elevando aún más el culo. La agarré por las caderas y de una embestida, con la firmeza de mi polla que estaba a reventar, quiso meterla de golpe, como si la follara por delante.
    
    —Tranquilo, despacio, tiene que dilatar un poco más para que entre —dijo como experta a la que habían dado por culo decenas de veces—. Métela por delante mientras tanto.
    
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