-
Enfadado con mi madre, hicimos las paces follando
Fecha: 08/11/2026, Categorías: Incesto Autor: Juan, Fuente: TodoRelatos
... hombros y los pies descalzos. Me miró como si no notara el efecto que tenía sobre mí. —¿Quieres ducharte? —me preguntó con una media sonrisa. —Me lo podrías haber pedido antes. Si hemos compartido barco podríamos haber compartido ducha —respondí, mirándola de arriba abajo. Ella sonrió con un gesto coqueto. —Mira por donde sale el inglesito. Y se retiró hacia su habitación. En la ducha no dejé de pensar en ella ni un segundo. El olor a su champú, el calor del agua… Todo parecía prolongar su presencia. Sostuve mi polla con las dos manos elevándola, como si se la ofreciera a ella. Salí corriendo preocupado de los pensamientos que me asaltaban. Ella estaba sentada en el tocador con un vestido que dejaba su espalda al descubierto. Se estaba pintando los labios con lentitud, jugando con sus labios, sin prisa como si me esperara. Se levantó y me miró, esperando mi opinión. El vestido negro ajustado acababa en un generoso escote delantero además del trasero, zapato ligero de tacón alto y el cabello suelto cayendo por su espalda para cubrir su desnudez, con una elegancia natural. Se había puesto unos pendientes dorados sencillos haciendo juego con una gargantilla que sin ser ostentosa, causaba un efecto impactante. Silbé cuando ella dio una vuelta sobre sí misma. —¡Guau! Mamá, vas a ser la reina de la fiesta. Ella rió, satisfecha. —Necesito un rey a mi lado. O al menos, un príncipe. —Me has convencido, te acompañaré al club. —Pues date prisa, he ...
... quedado con mis amigas a las 9. Me arreglé rápido, nosotros no necesitamos tocador ni peinado. Me puse una camisa blanca de botones en el cuello y un pantalón de lino oscuro y pata estrecha. Nada elegante pero mucho más arreglado de lo que solía ir en verano. —Estás muy guapo —dijo al verme, echándome un vistazo de arriba abajo. Me ofreció una copa de vino de una botella que acaba de abrir. —Es temprano, vamos a brindar por esta salida con mi hijo. ¡Me hace mucha ilusión! Brindamos felices, como si ambos supiéramos que esta noche era distinta. Ella quiso aclarar un poco el plan. —No estás obligado a estar pendiente de mí esta noche... vamos a estar cada uno con su grupo. Pero quiero saber que te tengo cerca, como cuando vigilabas mi sueño en el barco. Que nos buscamos con la mirada de vez en cuando. —Estaré cerca —repetí—. Aunque hablemos con otros, aunque bailemos con otros. Ella asintió y levantó su copa. —Por la libertad… y por mi hijo. Al brindar, sus dedos rozaron los míos más tiempo del necesario. —Por la libertad y por ti...—evité llamarla mamá. Salimos juntos, ella iba radiante, con ese brillo nuevo que le había descubierto desde mi regreso, sabiendo, al menos yo, que esa noche no éramos madre e hijo, sino dos adultos bailando sobre una línea cada vez más fina. Nos subimos al coche y durante el trayecto hacia el club, no podía evitar mirarla de reojo. Me quedé cortado cuando comprobé que ella me sonrió, como si me hubiera pillado ...