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La vieja bruja sádica y su esclavo inepto masoquista
Fecha: 28/02/2026, Categorías: Dominación / BDSM Tus Relatos Autor: scatgummi, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X
... apretados en su guantes sucios hasta el codo, las medias oscuras, los zapatos de tacón que parecían clavarse en mi alma con cada paso. Me habló con voz dura, fría, como si estuviera leyendo una sentencia: "Ahora no podrás huir. Y te castigaré como te mereces”. Se dirigió al armario, lo abrió con la misma llave maestra, y regresó con un pequeño látigo corto, grueso, flexible. Lo manejaba entre sus manos enguantadas como si fuera una extensión de su voluntad. “Este látigo puede ser bastante doloroso”, dijo, y lo hizo chasquear en el aire, un sonido seco que me hizo temblar. "Es muy preciso. Puede producir gran dolor con cada azote”. Descubrí entonces qué pretendía: azotarme con ese látigo. "El hombre de anoche apenas llevaba cincuenta latigazos…", continuó, "y salió corriendo como una gallina, quejándose y protestando. Su castigo quedó a medias”. Ahora comprendía por qué había corrido. Había sido azotado. Y yo…era su próxima víctima de sus castigos. “Tu castigo consistirá en cien latigazos”, dijo, y su voz era un hilo de seda afilada. “No me gustan los llantos ni las quejas. Por eso me aseguraré de no escucharlos”. No entendía a qué se refería. Hasta que la vi moverse delante de mí, introduciendo uno de sus guantes sucios de goma por debajo de su vestido, y con un movimiento torpe pero deliberado, se bajó sus bragas por sus carnosas piernas, sacándolas por sus zapatos de tacón. Entre su guante de goma, estrujó unas bragas sucias de color blanco —no limpias, sino usadas ...
... y sucias —. Observé aterrado trozos pegados de restos de caca líquida y orines en ellas, manchas amarillentas, bordes pegajosos. Me produje asco. Me pregunté por qué se las había quitado… y pronto lo averigüé. Me mostró las bragas sucias cerca de mi rostro. Olí el olor: a caca, a sudor rancio, a orines . Ella, con tono perverso, dijo: "Ahora te amordazaré. Y me aseguraré de no escuchar una sola queja ni llanto. Llora cuanto quieras... pero en silencio. Detesto el sonido de los llantos y las quejas. Es de débiles que no saben asumir su castigo. Detesto las quejas con toda mi alma ".Quedé aterrado. Vi cómo cerraba mi nariz entre su guante de goma, pegajoso, sucio, y al dejar de respirar por la nariz, abrí la boca… y ella introdujo sus bragas sucias, con restos de caca, dentro de mi boca. Me revolvió el estómago, el sabor de aquellas bragas, el olor, la textura áspera y húmeda. Ella se aseguró de introducirlas hasta el fondo de mi boca, casi hasta la garganta, sin darme opción a emitir un solo sonido de protesta. Sonrió y se dirigió hacia el armario grande . Agarró un rollo de cinta americana gris, y comenzó a envolver mi boca, mi cara, apretando la cinta de forma tensa y tirante, hasta que me apretaba la mandíbula, los pómulos, las mejillas. Dio varias vueltas, sin escatimar en el rollo. “Ahora permanecerás atado y en silencio”, dijo, y su voz era un susurro de triunfo. “Puedo castigarte como a mí me plazca. Y te aseguro que no voy a escuchar una sola palabra de queja”. El ...