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UN LIVE CON INTRUSO GUERRILLERO
Fecha: 11/06/2026, Categorías: No Consentido Tus Relatos Autor: VEKU, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X
... desacomodado y uno de sus pechos casi al descubierto. Tenía la cara enrojecida, los ojos hinchados de llorar y la barbilla ya brillando por la saliva que le chorreaba. Uno a uno, los hombres fueron pasando frente a ella, formando una fila desordenada pero controlada por la voz autoritaria de Rata. —Tranquilos, hijueputas —gruñía el comandante cada vez que alguien intentaba agarrarla más fuerte del pelo o empujar demasiado profundo—. No quiero dañar a la yegua. Tiene que alcanzar para todos. Dejen que ella controle el ritmo… por ahora. Melina, con profundo asco, mantenía la mirada baja la mayor parte del tiempo. No quería verles las caras. Eran grotescos: barbas sucias, dientes amarillos, ojos vidriosos de lujuria animal y sonrisas depravadas que le revolvían el estómago. Prefería concentrarse en las vergas que tenía delante, gruesas, venosas y oliendo a sudor y macho encerrado durante meses. El primero se corrió rápido, casi a los dos minutos. Melina sintió cómo la verga palpitaba en su boca y, apenas notó el primer chorro caliente y espeso, sacó la cabeza hacia un lado y escupió con asco sobre el piso. Parte del semen le cayó en el escote. —Puta, traga —le ordenó el tipo, agarrándola del pelo—. ¿A qué sabe, mamita? ¿Te gustó? Melina no respondió, solo respiró agitada, con arcadas. El siguiente ya estaba listo, golpeándole la cara con su verga dura. —Chúpala, yegua. Y esta vez quiero que lo pruebes —dijo riendo. Ella obedeció, cerrando los ojos con fuerza. Lo ...
... chupaba con movimientos mecánicos, tratando de no saborear demasiado, pero era imposible. Eran salados, amargos, algunos más espesos. Cada vez que sentía que iban a correrse, intentaba sacar la boca, pero varios la sujetaban un segundo más para obligarla a recibirlo. —¿Cuál sabe mejor hasta ahora, puta? —le preguntó uno con barba rala mientras le metía la verga hasta la garganta—. Dime… ¿la mía te gustó más? Melina solo sollozaba alrededor de la verga, escupiendo de nuevo cuando terminó. Tenía la cara cada vez más manchada de semen y saliva. Algunos hilos blancos le colgaban de la barbilla y caían sobre sus tetas. Rata observaba todo desde un lado, con los brazos cruzados y una sonrisa satisfecha. —Así, mamita… bien despacito. Mira cómo colaboras. Buenísima puta estás siendo —decía para humillarla más—. Escupe si quieres, pero vas a tener que tragarte algunos, ¿oíste? Los hombres se reían y seguían pasando. Algunos no duraban ni un minuto; llevaban tanto tiempo sin una mujer que apenas resistían el calor y la humedad de su boca. Otros intentaban ser más bruscos, follándole la cara con fuerza, pero Rata los frenaba inmediatamente: —¡Calma, carajo! Si la lastimas ahora, después no va a servir. Hay que repartirla bien. Melina sentía que el tiempo se estiraba de forma horrible. Ya había pasado por más de diez. Tenía la mandíbula adolorida, la lengua pesada y el sabor de todos ellos mezclado en la boca. Cada vez que escupía, los hombres la insultaban y se burlaban: —Trágatelo ...