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DISCIPLINA. LA SEÑORA EULALIA. CAP1
Fecha: 10/07/2026, Categorías: Dominación / BDSM Tus Relatos Autor: scatgummi, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X
... sujetador. Con su mano enguantada, me señaló sus rodillas y me indicó que me recostara en ellas boca abajo. "Ha llegado el momento de aprender modales. Te lo advertí, te aseguro que vas a aprender a respetarme y obedecerme". Por supuesto que no obedecí. Supe que quería azotarme como si fuera un niño, y mi orgullo joven se rebeló. Ella esperó unos segundos, y al ver que yo no reaccionaba, levantó la voz, gritándome: "¡Recuéstate en mis rodillas ahora mismo!". Su grito se escuchó en toda la casa, una orden que no admitía réplicas. Yo, asustado, obedecí y me acerque a ella. Ella me bajó mis pantalones cortos con sus guantes de goma y mis calzoncillos. Sentí una vergüenza tremenda, mostrando mi culo, mi pene, mis huevos, el terror helado de mi vulnerabilidad. Con su otra mano, me tiró del brazo y me colocó en su regazo boca abajo, sintiendo una humillación tan grande que mis mejillas ardían de vergüenza. Observé cómo desabrochó una sandalia de tela de piel que cubrían sus pies enfundados en sus medias. Con una lentitud tortuosa, desabrochó el cierre de la sandalia y la agarró entre su guante de goma, sujetándola firmemente. Y de repente, comenzó a azotarme con ella sobre mi culo desnudo. La suela de la sandalia era de goma, y cada golpe ardía sobre mi piel expuesta, un látigo de goma brutal. Yo, recostado boca abajo en su regazo, sobre sus muslos enfundados en sus medias marrones, sentía cada impacto con una fuerza que me sacudía hasta los huesos. Ella azotaba con fuerza, y ...
... yo me retorcía, tratando de zafarme de su agarre, una lucha desesperada y patética. Ella azotaba y yo me retorcía, tapaba mi culo con mis manos, e incluso me azotó en la mano al intentar protegerme. Aquello era una batalla, una guerra de voluntades en la que yo estaba perdiendo estrepitosamente. Ella se cansó de la batalla, enfurecida, y se levantó de golpe. "¡Estúpido! Lo haré por las malas. Tú has decidido que sea así". Se levantó de golpe de la silla, un torbellino de ira contenido. Sus medias marrones crujían al tensarse sobre sus muslos carnosos y sus guantes de goma amarillos brillaban con un brillo febril bajo la luz tenue. La señora Eulalia, cuando se enfurecía, era terrible. Su rostro se contorsionó en una máscara de pura furia, las venas de su cuello se hinchaban como gusanos y su voz, ya no era un susurro, sino un rugido encolerizado que hizo temblar las paredes. "¡¡INSOLENTE!! ¡¡TE HE DICHO QUE TE ESTE QUIETO!! Se acercó a un cajón de la cómoda del salón y regresó con unas esposas de metal de acero, que brillaban bajo la tenue luz de la habitación. Quede perplejo. ¿Qué hacía aquella vieja señora con unas esposas de metal de verdad? En su mano también agarraba un rollo de cinta americana de color gris. Lo primero que hizo fue esposarme mis manos a mi espalda con dureza, cerró las esposas fuertemente, tan fuerte que me hacían daño, mordiéndome la piel. Me quejé, le dije que me hacían daño las esposas. Ella suspiro, irritada y enfadada, como una vieja chiflada ...