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DISCIPLINA. LA SEÑORA EULALIA. CAP1
Fecha: 10/07/2026, Categorías: Dominación / BDSM Tus Relatos Autor: scatgummi, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X
... completamente indefenso, siendo azotado bruscamente, una marioneta rota en manos de su titiritera, mientras el tormento del tirón de pelo se sumaba al fuego de sus azotes en una sinfonía de sufrimiento insoportable. Lloraba y lloraba, el dolor aumentaba y no podía hacer nada para remediarlo, no podía ni quejarme. Ella estuvo azotándome durante una eternidad. El tiempo se detuvo en un bucle infinito de sufrimiento, y no paraba de recibir azotes con su sandalia una y otra vez, cada vez era más doloroso. Mi culo quedó completamente magullado, de un color rojo intenso con zonas moradas y marcas perfectas de la suela de la sandalia de tiras grabadas en mi piel. Sabía, con una certeza absoluta y aterradora, que no podría sentarme en una silla durante una buena temporada, que cada vez que lo intentara, el dolor me recordaría este momento, este infierno en el regazo de la señora Eulalia. Terminó su castigo. Dejó mi culo completamente magullado, con feas marcas de su sandalia grabadas a fuego en mi piel. El simple roce del aire me producía un escozor insoportable en mi carne en carne viva. Lloraba de dolor, un llanto silencioso y ahogado por la mordaza. Ella continuó agarrándome por el pelo fuertemente con su mano enguantada, su guante atenazaba mi cabello y no cedía, provocándome más dolor de lo fuerte que lo estiraba, y me llevó hasta un rincón del salón. Me colocó de rodillas mirando a la pared, inmovilizado con sus esposas y aún con su mordaza que sabía fatal. Mi boca era un ...
... estercolero, un vertedero de suciedad, orines y heces secas de la vieja señora Eulalia. Ella se situó tras de mí, mientras continuaba recriminando mi comportamiento. "Así se trata a los estúpidos como tú", decía, su voz fría como el acero. Continuaba muy seria tras de mí, y yo de rodillas. "A partir de ahora me vas a respetar y obedecer. Todo cuanto te ordene, obedecerás... si no lo haces". Se hizo una pausa, y me azotó de nuevo con su sandalia, que agarraba en su mano enguantada, inclinándose hacia abajo donde estaba de rodillas, mirando al rincón. El dolor fue una explosión nueva y aguda sobre mi carne ya martirizada. Ella continuó hablando y recriminando mi comportamiento cuando, en ese momento, sonó el teléfono de su casa. El teléfono situado al lado del sofá, sobre una mesita. Había sido salvado por el teléfono. Cada azote con la sandalia dolía horrores. La vieja señora Eulalia contestó al teléfono. Era mi madre. Estaba contenta, le explicó a la vecina Eulalia que su hermano había sido operado y había salvado la vida, que estaba fuera de peligro. Le preguntaba a la vez cómo iban las cosas conmigo por allí. La vieja Eulalia le dijo que íbamos muy bien, que habíamos hablado y todo estaba solucionado. La alegría de mi madre era cada vez mayor. Ellas hablaban y hablaban, mi madre estaba contenta. La señora Eulalia se sentó en el sofá mientras hablaba con mi madre, y comprendí que le gustaba hablar con mi madre, que en verdad era como una hija para ella, que disfrutaba ...