1. la vieja psicopata sádica


    Fecha: 02/08/2026, Categorías: Dominación / BDSM Tus Relatos Autor: scatgummi, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X

    ... putrefacción y a ella, pero lo tragué con arcadas que me oprimían el pecho. Ella sonrió, una mueca de aprobación, y me felicitó: "Buen chico".
     Se levantó el vestido por completo y me mostró su culo enorme y grueso, marcado por la celulitis como un relieve geográfico. Con sus guantes de goma, se abrió las nalgas, mostrándome un agujero oscuro, contraído, con algún pelo gris alrededor. Se rio. "También te dejaré lamerlo". Acercó su culo a mi cara, agarró mi pelo con su guante sucio y metió mi cara entre sus mejillas carnosas.
    Comencé a lamer, pero mi lengua era tímida, solo se atrevía a rozar la superficie. Ella no le gustó cómo lo hacía. Se enfadó, su respiración se agitó y su cara se contrajo en una mueca de ira. "¡No así, imbécil!", gruñó. Con sus guantes de goma, abrió bien las nalgas, exponiendo su agujero oscuro con una brutalidad que me heló. "¡Quiero la lengua dentro del agujero! ¡Profunda! ¡Quiero sentir la lengua profunda en mi culo, ahora mismo!". Asustado por su furia, obedecí. Hundí mi lengua en su ano, un abismo cálido y estrecho. El asco fue inmediato y abrumador. El sabor era amargo, fecal, una mezcla de sudor y de la esencia más íntima y sucia de su cuerpo. Notaba cómo sus músculos se contraían alrededor de mi lengua, mientras ella jadeaba de placer, de la satisfacción de sentirme sucio y sometido por completo.
    
    
    
    Ella sonrió, satisfecha, y dio una palmada sonora entre sus guantes de goma que resonó en la habitación como un trueno. Agarró la cazuela ...
    ... vacía, la tapó y se dispuso a marcharse. Pero cuando se dio la vuelta, se le había olvidado algo. Volvió a meter las bragas sucias dentro de mi boca para silenciarme y colocó la cinta americana blanca de nuevo en mi rostro, envolviéndolo con fuerza. Y fue entonces cuando me contó su plan. "Cuando regrese de nuevo, esta cazuela no llevará coliflor. Llevará mi mierda reciente. Ya conoces el método: la pinza en la nariz y, con la boca abierta, te la meteré con mis guantes. Te aseguro que vas a tragar hasta el papel con el que me limpie mi ano. A partir de ahora, vas a ser mi come-mierdas. Olvídate de salir de esta habitación".
    
    La vieja chiflada se marchó, resonando el paso de sus botas de goma con cada paso. Escuché cómo cerraba la puerta desde el exterior y me dejó de nuevo encerrado, inmovilizado y amordazado, a la espera de mi próximo castigo: comer su mierda podrida de sus guantes de goma. No iba a salir de aquella habitación. Nadie sabía que estaba allí y mi madre no me escucharía.
    La vieja chiflada se apartó, su pecho subía y bajaba con una excitación febril. Había encontrado a su esclavo perfecto, y su mente ya urdía el siguiente acto de nuestra depravada obra. Fue hacia una pequeña caja de metal en una de las estanterías y sacó varias pastillas blancas. Eran laxantes. Sus ojos brillaron con una luz de locura consumada. Con su guante de goma, se metió una pastilla en la boca, la tragó sin agua. Luego otra. Una pastilla ya daba una diarrea fuerte; dos, según su lógica ...