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SIN NOMBRES
Fecha: 21/10/2026, Categorías: Infidelidad Tus Relatos Autor: La señora M, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X
... esto, esto te está pasando a vos. Y en esa ronda me folló tan fuerte, pero tan fuerte, que yo grité sin ningún pudor, grité como no había gritado nunca en mi vida. Él me tomó del pelo y me tiró la cabeza atrás, me agarró la cintura con las dos manos y me la clavó con un ritmo brutal, seco, animal, chocando contra mí con un sonido que retumbaba en toda la suite, y yo gritaba "¡ay, ay, ay, así!", y él me daba nalgadas, y me mordía el hombro, y me decía al oído con esa voz grave "dale, dale", y yo me vine tan fuerte que se me aflojaron las rodillas y él me tuvo que sostener porque me caía, temblando contra el vidrio, con las mejillas rojas y las lágrimas saliéndome de los ojos, de gusto, de puro gusto. Después nos tiramos en la cama y esta vez sí nos quedamos dormidos un rato, abrazados, un rato nada más, porque a las seis menos cuarto me desperté con su mano entre mis piernas, y me la metió otra vez, medio dormidos los dos, lento, y me hizo llegar una última vez, suave, y después los dos nos quedamos quietos. Nunca supe su nombre. Nunca me preguntó el mío. En toda la noche nos dijimos "vos", "che", "vení", "así", "más", y nada más. Y hay algo en eso que lo hace mejor. Hay algo en follar con un hombre cuyo nombre no sabés que hace que sea más tuyo, más de ese momento, más imposible de meter en una carpeta. Cuando me fui, a las seis y algo, con el vestido arrugado puesto, los tacos en la mano, descalza por el pasillo alfombrado, el sol estaba saliendo sobre el ...
... bosque. Se veían las copas de los pinos desde el pasillo, naranjas. Y él me acompañó a la puerta, desnudo, enorme, apoyado en el marco, y me dio un último beso lento, y me dijo: —Nos vemos. Y en un papelito de la mesita escribió un número. Sin nombre. Solo el número. Y me lo puso en la mano y me cerró los dedos con la suya. Nunca lo llamé. Volví a la suite, me bañé, me puse un short y una remera, y a las doce del mediodía bajaron Gonzalo y los chicos, con olor a humo y a bosque, contándome la fogata, los caracoles, el frío de la carpa. Y yo escuché todo y sonreí y contesté, y adentro de mí seguía sintiendo ese chico entero, todavía adentro, todavía en la boca del estómago. Y esa noche, con Gonzalo, lo hice. Porque no habíamos usado preservativo en toda la noche, y a pesar de los cuarenta y siete y de la menopausia reciente, yo sabía que todavía se puede quedar embarazada, que el cuerpo no te avisa, que hay embarazos a los cuarenta y ocho y a los cincuenta. Así que cuando Gonzalo me abrazó en la cama, yo me dejé, y lo busqué, y él se puso contento, y me dijo "mirá vos, mi amor", y me besó. Y yo no sentí nada. Nada de nada. Gonzalo me hizo el amor con la dulzura de siempre. Me tocó los pechos, me metió dos dedos, esperó a que estuviera lista, se puso encima, me besó en la boca, entró despacio, y me folló con ese ritmo de siempre, constante, amable, dominguero. Y yo, abajo, con los ojos abiertos, me lo imaginé a él. Al otro. Al de veintidós. Y me di cuenta, ...