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SIN NOMBRES
Fecha: 21/10/2026, Categorías: Infidelidad Tus Relatos Autor: La señora M, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X
... con una claridad que casi me hizo reír, de la diferencia. Porque con Gonzalo me movía en un rango. Un rango chiquito, cómodo, donde llegaba si me concentraba. Y con el chico ese, la noche anterior, me había movido en un rango tres veces más grande, y había llegado sin concentrarme, llegando porque sí, porque me estaban cogiendo bien, porque me estaban cogiendo de verdad. La misma palabra, coger, y eran dos deportes distintos. Gonzalo terminó en cuatro minutos. Se quedó encima respirando, me dio un beso en la frente, se dio la vuelta, y a los tres minutos ya estaba dormido. Y yo me quedé mirando el techo, como todos los domingos de mi vida, y pensé, con total honestidad: el mejor sexo de mi vida fue anoche, con un chico de veintidós años cuyo nombre no sé, y fue mil veces mejor, mil veces, que veintitrés años con mi marido. Y fue también, sin ninguna duda, la mejor follada de mi historia. Y no estaba triste. Gonzalo seguía siendo mi vida. Pero lo que pasó esa noche no tenía nada que ver con mi vida. Era otra cosa. Volvimos a casa. La vida siguió. Colegio, trabajo, compras, dentista, Mateo que se encerró en la pieza, Valentina que discutía conmigo por el celular, Sofi que se durmió en mi falda viendo una película. Y yo llevaba el papelito con el número en la billetera, y lo miraba cada tanto, y nunca llamé. Cinco semanas después, se me atrasó. Y a las seis semanas me hice el test en el baño de la oficina, con la puerta con llave, con las manos temblando. ...
... Dos rayitas. Positivo. Me senté en el inodoro y me reí y lloré al mismo tiempo, con la mano en la boca. Cuarenta y siete años. Tres hijos. Y un test de embarazo positivo en la mano. Gonzalo se puso feliz. Feliz, feliz. Me abrazó en la cocina, le contó a los chicos, los chicos gritaron, Valentina dijo "¡¿en serio?!", Mateo puso cara de "bueno", Sofi preguntó si era varón. Y yo sonreía y todo era hermoso. Pero adentro de mí había un cálculo que no paraba. Porque hubo dos noches. La del chico, sin preservativo, y la de Gonzalo, la noche siguiente. Y las dos pudieron ser. Y yo necesitaba saber, aunque no supiera para qué, aunque no fuera a hacer nada con la respuesta. Así que hice lo que hace una mujer que no puede preguntarle a nadie: esperé a la semana diez y me hice una prueba de paternidad prenatal, en un laboratorio privado, en otra ciudad, pagando en efectivo. Necesitaba una muestra del padre. Y una mañana, mientras Gonzalo se afeitaba, entré a la pieza, levanté la almohada y junté cuatro pelos suyos con raíz, con la punta de los dedos, y los guardé en un sobre. Después fui al laboratorio y me sacaron sangre a mí. Y a los doce días me llegó el sobre. Lo abrí en el auto, en el estacionamiento del supermercado, con el motor apagado. Probabilidad de paternidad del presunto padre: cero por ciento. El hijo que esperaba no era de Gonzalo. Era del chico. Me quedé ahí, con el papel en la mano, mirando el parabrisas, con el carrito todavía vacío al lado, y ...